Ha sido uno de los grandes. De los más dentro del sector. Ejemplo de ímpetu empresarial, de sentido de la iniciativa, de capacidad para vislumbrar el futuro y poner manos a la obra para anticiparse a lo que está por venir. En éstos planos Manuel Lao Hernández ha sido un ejemplo del hombre hecho y forjado en la universidad de la calle, con talento natural para dar y vender y cuya figura se ha ido agigantando con el paso de los años hasta adquirir una notoriedad que lo ha situado entre los más ricos de España.
A lo largo del tiempo goce de la oportunidad de mantener frecuentes conversaciones con Manuel, después reconvertido en Manel. Lo de conversación no es exacto, porque el que hablaba era él y uno se limitaba a escuchar sus confesiones. Torrente de palabras, de confidencias que no excluían datos relativos a su intimidad familiar y a la marcha del negocio que, en su caso, abarcaba todos los subsectores del juego. Siempre lo vi y escuché como un apasionado de los asuntos que llevaba entre manos, como una persona volcada en su trabajo y siempre predispuesto a incrementar su influencia en las áreas de su múltiple actividad. Situó su compañía en una posición de liderazgo indiscutible y la proyectó por diversos países con éxito inusitado. Lo del barco casino en Puerto Madero marcó un hito económico difícilmente superable y quedan muchas hazañas por contar en el terreno de una expansión global que no conocía fronteras.
Luego vino la venta del grupo y su embolsarse una cifra astronómica para irrumpir en otros ámbitos de negocio con resultados variables pero aptos para incrementar su más que sólida fortuna. Fiel a su espíritu emprendedor, que se mantendrá firme mientras respire, ahora se ha metido en la tarea de construir un aeródromo privado en su finca El Molinillo, tan conocido por las gentes del sector, en la provincia de Ciudad Real. Con semejante iniciativa pretende hacer más cómoda la estancia allí de quienes se interesen en los productos de la explotación al tiempo que suma un valor añadido muy importante al Molinillo.
Genio y figura la de un Manolo Lao, que ha tenido algún revés de salud, pero que nunca ceja en su vocación de empresario comprometido con el trabajo, la inversión y la potenciación de sus negocios. A día de hoy en el sector se le echa de menos. Y mucho. Personajes de su talla y trayectoria dejan un vacío imposible de llenar.






