El Consell de la Comunidad Valenciana aprobó el decreto que pretende equilibrar el juego en el territorio autonómico. Tres son sus principales medidas: no a nuevas autorizaciones de máquinas recreativas, limitación de nuevas autorizaciones de salones y casas de apuestas y para los bingos sólo se permitirá la apertura de nuevas salas cuando se trate de traslados y previo el respeto a las distancias establecidas en la normativa vigente.
Lo anunciado por el Consell no es, precisamente, una postura legislativa destinada a que el sector se frote las manos o baile de contento. Lo que nos vienen a decir los mandatarios que gobiernan en coalición es que el sector se queda como está, en estado de parálisis y sin ninguna norma incentivadora que alivie un poco sus desdichas, que son muchas y de calado.
La historia se repite no sólo en el plano circunscrito al juego. Es extrapolable a otros ámbitos de la industria. Cuando se produce un cambio de gobierno, de signo político bien distinto, hay empresarios y agentes sociales que se frotan las manos de alegría y albergan esperanzas sobre transformaciones que incidirán, presumiblemente, sobre la marcha de sus negocios.
Una situación de éste cariz se produjo con motivo de la llegada del PP y VOX al mando de la Generalitat que dejaba atrás el ejecutivo del Botànic, caracterizado por su nula gestión en materia de juego sobre cuyo desarrollo no hizo nada de nada.
Pisando suelo y conectando con la realidad lo cierto es que los nuevos inquilinos del Palacio de la plaza de Manises y sus instalaciones adheridas están siguiendo, al pie de la letra, los pasos de sus antecesores políticos. No están moviendo un dedo en favor del sector, antes al contrario: lo mantienen maniatado, en fase de semiparálisis y, al menos que sepamos, sin ninguna novedad prevista en cuestión de flexibilidad fiscal, calla ya, o en autorización de nuevos productos o propuestas incentivadoras.
Estampas similares vienen aconteciendo aquí y en otras autonomías, en el juego y más allá del mismo. ¿Hablamos de complejos de una derecha política que se acojona frente a la supuesta superioridad moral de una izquierda que en ése y otros muchos asuntos le tiene comido el tarro y ganado el terreno ? ¿ Aludimos al papel de una derecha pacata, cobardica y falta de fuelle para actuar con valentía ?.
Deme la respuesta quién esté autorizado para ello. Entre tanto el juego valenciano en la UCI. Que ya es estar jodido.






