Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Las cartas que dejaron de escribirse

15 de junio de 2026

Confieso que en mi juventud, como tantas gentes de mi generación, fui un devoto de la epístola. Me encantaba escribir cartas: a familiares lejanos cuya cercanía se añoraba; a amigos que habían puesto la distancia de por medio; a chicas con las que cruzabas palabras o miradas que pedían a gritos una declaración plagada de lirismo, poesía de un instante. Era aquél un ejercicio íntimo destinado a plasmar en el papel sentimientos, emociones, vivencias y aquello que acontecía a tu alrededor y considerabas merecía la pena transmitir para dejar constancia de un estado de ánimo, de unos anhelos, de unos deseos de conectar con sensibilidades dispuestas a compartir y entender lo que uno vertía en la carta.

Terminabas de vaciarte por dentro en la escritura de unas cartas en las que volcabas una parte esencial de tu ser y sentir y en ocasiones le ponías un sello de urgencia. Había que hacerla llegar con la mayor celeridad a su destinatario/a porque no eran pocos los casos que aguardabas las respuesta en un estado de ilusión latente. Recuerdo aquella especie de tormento emocional si la carta que esperabas con mal disimulada ansiedad tardaba más de lo previsto. Comenzaban las cábalas mentales, las decepciones anticipadas que luego dejaban paso al estallido de alegría cuando en el buzón de la casa anidaba el mensaje preñado de incógnitas que se leía con el temblor propio de los pequeños acontecimientos que sacudían el alma.

Durante un puñado de años seguí fiel al intercambio epistolar. No quería renunciar a un cruce de pensamientos y sentimientos que me aproximaban a otras personas con fuerza irreprimible. Evoco siendo un chaval la escritura de unas cartas de amor que me salían caudalosas, atrevidas e inocentes a un tiempo, destinadas a la conquista de un afecto que estaba por venir y que, en algunos casos, no vino nunca. Pero nadie podía hurtarme ésa predisposición epistolar de marcado signo lírico para salir a la búsqueda de la muchacha en flor.

Ya nadie escribe cartas, ni de amor ni de negocios. Tiempo atrás se fundió en negro el correo postal. Entramos en la época del móvil, el washapp e internet. En la utilización del lenguaje corto y sincopado. Adiós por tanto a unas cartas víctimas de una tecnología imperante y avasalladora que nos dejó sin la epístola temblorosa en cuya redacción, tantas veces, poníamos alma, corazón y vida. Un trío de palabras mágicas para expresar, sin fronteras, tu lado más íntimo y conmovedor.