Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

De la tempestad a la calma asociativa

1 de junio de 2026

El hecho de llevar muchos años informando sobre el sector me permite acumular múltiples experiencias de muy variado sigo. Fui testigo en vivo y en directo de numerosas asambleas, de bingos y máquinas, verdaderamente tumultuosas, en las que los enfrentamientos personales traspasaban los límites verbales permitidos. Asistí a jornadas electorales de tensión máxima que en ocasiones finalizaron con escisiones no exentas de comportamientos indeseados. Hablo de una etapa en que las agrupaciones empresariales vivían muchos pugnas internas, no pocos choques individuales como consecuencia de posiciones encontradas y un ambiente cargado de electricidad cuando se abordaban temas trascendentes que eran objeto de fuertes controversias.

Hasta cierto punto era lógico aquél clima de enardecimiento asociativo. Estábamos en las etapas primeras de la actividad legal del juego en España. El proceso regulatorio de los distintos subsectores era blanco de interpretaciones de variada índole que hacían aflorar las disidencias entre los llamados a ejercer la representatividad empresarial. En la época que cito el bullicio asociativo era constante y fruto del mismo afloraban los enfrentamientos a cara de perro, las subidas de tono o las maniobras subterráneas destinadas a deshacerse de los que constituían un obstáculo para aquéllos que querían mandar y decidir.

De etapa tan enfervorizada me vi en la obligación de silenciar situaciones poco o nada constructivas para el normal desarrollo del sector, tratando de apaciguar ánimos y silenciar actitudes intempestivas.

Aquél frenesí asociativo concluyó. El sector avanzó, no demasiado es la verdad, en cuestión normativa, las aguas se remansaron y la mayoría de entidades que defienden los intereses de sus subsectores asisten, convocatoria tras otra, a la renovación de la confianza en sus presidentes y al no registrar fricciones internas de índole desestabilizante. Lejos muy lejos quedan hoy aquellas asambleas de antaño prodigas en mamporros dialecticos, duelos de carga emocional muy intensa y fragmentación del sentido unitario. El rio revuelto dejó paso, y conviene celebrarlo, al discurrir de un caudal sosegado en cuyas aguas mandan siempre los mismos. Señal de calma chicha asociativa, que es síntoma de normalidad y ausencia de sobresaltos.