Un vecino, de edad avanzada como la mía, al que aprecio por su carácter afable, su amabilidad y su pulcra educación, me interpeló la otra mañana diciéndome: «Oye Juan, ¿ me puedes explicar que está pasando en España. Primero lo de la esposa del presi y su hermanito. Luego lo de Abalos, Koldo, las putas recauchutadas en funcionarias y las mariscadas a lo grande.
Después lo de Santos Cerdán, primero santificado y luego ignorado por los que fueron sus compañeros de partido, con su mujer tratada como dama de alto copete en El Corte Inglés. Y para remate lo de Zapatero, el oráculo ideológico del PSOE, el inspirador de la política de Sánchez que anda metido hasta las cejas, nunca mejor dicho, en rescates de aviones que no vuelan, en componendas oscuras con venezolanos y chinos, en asesorías buenistas con Delcy, la de las maletas, y en descubrimiento de joyas fabulosas, facturas por informes orales y las hijas de Bambi ganando un pastón sin sudar la camiseta. ¿Es normal todo lo que está sucediendo con sorpresas a diario ?».
Es lógico que mi vecino esté atribulado. Que no acierte a asumir la realidad de un país y se quede estupefacto ante las noticias que circulan, todo resulta comprensible. Estamos viviendo la etapa social de una España surrealista, de política que deja en pañales al vodevil más disparato. Una España de trincones, vividores, soplagaitas y fulleros que se llenaron la boca para proclamar a voz en grito que venían para regenerar el país y a lo que vinieron fue a llenarse los bolsillos con tantísimo descaro como falta de pudor. Una banda de aprovechados, de medianías, de tipos cuyo único mérito ha sido vivir de la teta del partido y hacerlo a lo grande con ostentosidad y modos zafios.
Le pido a mi vecino que se tranquilice, que no se vea afectado por la estampa que ofrece a día de hoy una España en la que más de medio país parece narcotizado ante el nauseabundo olor que desprende la política. Que no se inmuta, ni se altera. Y que tragará con todo lo que le echen con tal de que no desembarque la maldita fachosfera. Todo extremadamente surrealista mi querido vecino. Para resignarse o emigrar. Eso no se lo confieso al vecino. Largarse a su edad sería una aventura temeraria.






