Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Miguel Ángel, de UGT

6 de mayo de 2024

Conocía a Miguel Ángel Rodríguez, de UGT, hace la tira de años. El andaba aprendiendo de Paco Domínguez, que por entonces ejercía su peso sindical en la hostelería y el juego. Estábamos en ése tiempo Miguel Ángel y el que esto escribe en espacios distintos y defendiendo intereses diferentes pero en modo alguno contrapuestos. Se trataba de dialogar, saber escuchar y analizar y a partir de ahí suscribir acuerdos si es que existía voluntad formal de llegar a los mismos. Aquél Miguel Ángel que en la época que evoco era casi un chaval sobresalía por sus modales respetuosos con los que tenía enfrente y por su capacidad para el diálogo y la discusión serena y razonada.

Pasaron los años y Miguel Ángel Rodríguez hizo carrera en el sindicato creo que por legítimos méritos contraídos a lo largo de una trayectoria marcada por un espíritu de colaboración demostrado en sus intervenciones en las firmas de convenios colectivos y el saber actuar para hacer pared con la patronal cuando los ataques al sector, tantas veces injustificados y preñados de insidia, ponen en riesgo el mantenimiento de muchos puestos de trabajo.

Al reencontrarme en ocasiones con Miguel Ángel me ha recordado los tiempos en los que jugábamos a ambos lados del tablero para recordarme que mi figura le inspiraba mucho respeto. Idéntico le digo ahora que el que se desprendía de su gestión, que trataba de huir de la bronca o del tremendismo que regían las pautas de comportamiento de su central y de alguna otra caracterizada habitualmente por su alto grado de intolerancia llegado el momento decisivo de los pactos.

Recientemente, con ocasión del homenaje que recibí de la CEJ que lidera mi gran amigo Fernando Luis Henar, me gustó escuchar el aplauso múltiple de un auditorio al que agradezco su cordial demostración de afecto. Y entre esas palmas cálidas estaban las de Miguel Ángel Rodríguez de UGT, con el que, al cabo del tiempo y de lo que ha llovido, sigue siendo un placer estrechar su mano y hacer de la memoria un motivo de íntima satisfacción.