Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Los del libro

1 de abril de 2026

Yo he venido aquí para hablar de mi libro y si no hablo me levanto y me voy. Los televidentes más veteranos se acordarán de aquella célebre intervención de Paco Umbral en la entrevista que le hizo Mercedes Milá. El grandísimo escritor, al que descubrí cuando era un perfecto desconocido y publicaba sus crónicas costumbristas para la agencia Colpisa en diarios regionales, sobreactuó lo suyo en la intervención que cito hasta el extremo de que todo el mundo hablara del he venido aquí para hablar de mi libro. Unos párrafos que han quedado para la letra pequeña de la historia literaria.

Umbral fue un novelista de recorrido mediano. Un memorialista que extraía de sus relatos  metáforas de una brillantez electrizante, de un lirismo arrebatador. Y articulista genial que hacía de sus piezas periodísticas una labor de puro orfebre, en la que cabía la magia de la palabra y el sabor de lo castizo. Nadie como él supo inventar un lenguaje en el que cabían el sentido literario llevado a extremos tan originales como exquisitos y el pálpito de la calle con sus dimes y diretes. Incomparable Paco como escritor de periódicos que marcó estilo y dotó de vivacidad, armonía y fulgor sus crónicas cotidianas modelos propios de un creador de secuencias de la vida y de sus personajes a los que retrató con tantísima fidelidad como gracia surgida de un ingenio que no conocía barreras.

Día sí y otro también si te asomas a las pantallas de la tele te encuentras con señoras y caballeros, muchos perfectamente desconocidos para la mayoría de espectadores, que desfilan por sus platós para hablar de sus libros. En muchos casos se trata de personajillos cuya notoriedad pública es más que cuestionable. Que se han hecho un nombre a base de protagonizar disparatadas historietas o trayectorias que nada tienen que ver con el trabajo o el esfuerzo. A los que no se les conoce singularidad literaria alguna. Y que, sin embargo, aparecen con su libro debajo del brazo. Que luego resulta que se comercializa y mucho sólo por el nombre del autor y al margen de su argumento o calidad. Aquí lo que vende es la popularidad, más o menos fundamentada, del papá o la mamá de la criatura literaria. Que vienen siendo legión por lo que vemos y oímos a diario. Si Umbral levantara la cabeza diría con su voz tronante:

¿ Pero de que coño de libros estamos hablando…? Y se volvería impávido al lugar de reposo eterno.