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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Lo de las mentiras

17 de abril de 2026

En vísperas de las elecciones que dieron como resultado la sorprendente elección de José Luis Rodríguez Zapatero se produjo una intervención televisiva de Alfredo Pérez Rubalcaba, gato viejo del PSOE, que refiriéndose a los atentados del 11-M y la autoría dada por el PP dijo: «Los españoles no nos merecemos un gobierno que nos mienta.» Unas palabras que sirvieron para aupar al desconocido Zapatero a la cima del poder.

Rubalcaba dejaba clarito que en modo alguno era admisible la actuación de un ejecutivo que hacía de la mentira un recurso político utilizado a sabiendas. Nuestro hombre, lagarto que se las sabía todas en materia de confrontación y de arrimar el ascua a su sardina y su partido, abominaba públicamente de la mentira, acusaba a sus oponentes de servirse de ella para fines claramente espurios y clamaba, con teatral sentido de actor consumado, porque la verdad resplandeciera siempre sobre la falsedad. Ahora añadiríamos que sobre los bulos, que es lo que está de moda.

No acierto a predecir lo que diría Rubalcaba hoy respecto al gobierno de coalición y su amor por la mentira. Un amor de corte apasionado, me atrevería a decir que hasta lujurioso, que no decae ni en intensidad, ni en furor, que ni se para en medida ni en grosor. El gabinete propagandístico de Moncloa imparte a diario consignas, algunas de muy dudosa veracidad, y los integrantes del gobierno, desde su líder hasta su último componente, se dedican al ejercicio de la repetición. Los ataques de la oposición o de los medios informativos alejados de su cuerda son tachados de inmediato de bulos, de inventos de una fachosfera sectaria y turbulenta a la que hay que erradicar.

La mentira, persistente y tenaz, es herramienta puesta al servicio de un gobierno que la sostiene con rostro pétreo, la repite sin inmutarse y la propaga con tanta desfachatez como nulo sentido del ridículo. Ellos hablan del bulo de los otros, los fachas y sus acólitos. Y entre tanto su larga cosecha de mentiras es jaleada por unos medios bien apesebrados que cierran sus filas presuntamente progresistas. En medio de un panorama tan desolador una parte de la ciudadanía más anestesiada que nunca traga con todo lo que le echen con tal de que no llegue la derecha, un símbolo de los mayores males. Sigamos por tanto con el vamos a contar mentiras. Funciona y alcanza los objetivos propuestos.