Suenan las voces que se levantan, altas y fuertes, para clamar por la protección de los menores y alejarlos de las tentaciones del juego. Del juego privado, faltaría más. Insisten en sus proclamas y en el encendido de las luces rojas para proteger a los chavales de unos peligros que suelen sobredimensionarse al gusto de los cocineros de turno. Hablamos de campañas en las que los jóvenes son protagonistas de las consecuencias devastadoras del juego. Los informes derivados de los controles que llevan a cabo las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado echan por tierra las teorías de las perversiones en las que quedan atrapados los adolescentes a causa de las prácticas de azar, las que explotan los empresarios insisto en el dato, pero éstas conclusiones no se tienen en cuenta, no son dignas de aflorar a la opinión pública.
Y en medio de ésta utilización de un colectivo vulnerable para desacreditar y arremeter contra el sector sale la ONCE y en el cupón dedicado al Día del Padre mete con todo descaro grafismos infantiles y hace uso reiterativo del término «papá».
Ante semejante descaro y total falta de escrúpulos de la Organización de Ciegos y sus agencias de propaganda, en las que invierten un potosí, no puede menos que preguntarse: ¿ Es lícito recurrir a éstas tretas publicitarias que pueden despertar en los más menudos o adolescentes una natural curiosidad hacia los cuponcitos de la ONCE y sus premios millonarios ? La respuesta me la conozco: Aquí no subyace peligro alguno para el público infantil o juvenil, aunque los dichosos cupones se vendan con absoluto descaro hasta en las puertas de los centros de enseñanza.
A los salones, y a los establecimientos del sector en general, se les exige cada día más en lo concerniente al cuidado en evitar la entrada de los menores. Y las empresas están colaborando al máximo para que hechos de ésta naturaleza no se produzcan. Colaboración que exige inversiones y un fuerte compromiso. Ambos requisitos se están cumpliendo a rajatabla. Y mientras esto sucede la ONCE, y su cuadrilla de mandatarios que aspiran a comerse la mayor parte del pastel del mercado, invitan a la chiquillería y a los no tan chicos a que presten atención a sus cupones. Esto es, simplemente, una sinvergonzonería publicitaria de tamaño mayúsculo. Tranquilos, la ONCE tiene carta blanca para todo tipo de tropelías, publicitarias y de las otras. No pasa nada.






