Si el juego privado salta a los medios generalistas es, únicamente, como pieza de escándalo. Que si los salones llevan la ruina a los barrios obreros. Que si los peligros del bingo. Que si las máquinas de los bares o el desplume en los casinos. Y para poner la guinda, que nunca falta en éste pastel, lo de los menores que frecuentan las salas de juegos. Todo un rosario de demonizaciones que no se sustentan sobre datos veraces ni informes oficiales. Son especulaciones no contrastadas que se hinchan al capricho de los manipuladores de turno que son expertos cuando se trata de echar mierda sobre el juego, siempre privado porque el público no admite resquicio para la crítica: es intocable.
Periódicamente se divulgan los resultados de las inspecciones que se realizan en las distintas comunidades sobre los controles llevados a cabo en locales de juegos. El más reciente el de Aragón. En poco menos de seis meses se hicieron 800 inspecciones. El balance final arroja un total de 15 expedientes sancionadores, algunos de ellos pendientes de resolución firme. Y lo más importante, por ser lo más utilizado contra el sector: durante los últimos tres años, han leído bien tres años, no se registró ninguna incidencia por presencia de menores en establecimientos de juego. La radiografía sectorial es concluyente y echa por tierra los argumentos que hacen de los salones nidos de perversión que dan cobijo a los menores. Eso, entre otras lindezas de contenido denigratorio.
Esta realidad para nada trasciende a los medios generalistas. De una situación como la descrita para nada se habla. Silencio absoluto y hay que seguir con la cantinela contra el juego privado y sus graves peligros. Los esfuerzos de asociaciones o representantes de la industria para que la verdad aflore son baldíos o apenas tienen eco. La leyenda, el relato se impone como arma arrojadiza contra la industria del ocio.
De las inspecciones, de los controles que se suceden emerge una verdad: el fuerte compromiso del sector privado por asumir las máximas responsabilidades en materia de control y seguridad en sus negocios. Y como fruto de éste empeño colectivo surge un porcentaje de incidencias mínimas registradas por las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado. Pero esto no importa. No hay que hablar del asunto y sanseacabó.






