El bingo valenciano en la U.C.I.

| 26 de octubre de 2026

POR JULIÁN PÉREZ, VICEPRESIDENTE DE EJUVA.

El bingo valenciano se encuentra en una encrucijada histórica que amenaza su supervivencia si no se acometen reformas estructurales inmediatas. El prolongado descenso en las ventas ha provocado un círculo vicioso preocupante: a menores ingresos, el valor de «El Premio» disminuye drásticamente, lo que resta atractivo al juego frente a otras opciones de ocio y agrava la pérdida de poder adquisitivo de los clientes tradicionales.

Para revertir esta tendencia y asegurar el futuro del sector en la Comunidad Valenciana, es urgente actuar en cuatro ejes fundamentales: una fiscalidad justa, la actualización inmediata del reglamento, la flexibilidad en el régimen de instalación de máquinas y un aumento sustancial del porcentaje destinado a premios.

La crisis del premio: Menor atractivo, menor clientela
La pérdida de dinamismo del bingo tradicional valenciano ha generado un impacto directo en su línea de flotación: EL PREMIO. Cabe recordar que el premio no es un simple incentivo comercial, sino la auténtica razón de ser del bingo; el motor que da sentido a la experiencia de juego, genera la ilusión en el usuario y cohesiona socialmente las salas. Al diluirse la cuantía de las bolsas acumuladas, se desvirtúa la esencia misma del producto.

En este ecosistema, las primas actúan como un acicate indispensable para los jugadores, manteniendo vivo el interés a lo largo de toda la jornada. Sin embargo, la realidad actual es dramática para el tejido empresarial: las salas pequeñas sufren auténticas dificultades para estructurar una bolsa de premios diaria capaz de otorgar, por ejemplo, una prima de 50 euros cada hora. Sin masa crítica de clientes debido a la caída de ventas, sostener estos incentivos se vuelve financieramente inviable, ensanchando la brecha competitiva y condenando a los establecimientos de barrio a una pérdida de atractivo irreversible.


• Efecto de las ventas: La caída sostenida en la recaudación disminuye la cuantía de las bolsas acumuladas.
• Mermas en el cliente: Los usuarios habituales sufren una pérdida de poder adquisitivo que frena su gasto en ocio.
• Pérdida de competitividad: Un premio pequeño no compensa el coste de la jugada, lo que ahuyenta tanto al cliente fiel como al relevo generacional.

Fiscalidad y porcentaje a premios: Una reforma inaplazable
El actual modelo impositivo asfixia los márgenes operativos de las salas e impide que el juego sea atractivo. Urge adecuar la tributación para redistribuir la tarta de ingresos en beneficio del jugador y del empresario.
• Rebaja tributaria: Reducir el tipo impositivo actual sobre el cartón para dar oxígeno financiero a las salas.
• Mayor dotación a premios: Elevar por ley el porcentaje mínimo de devolución en premios para que «El Premio» vuelva a ser competitivo.
• Sostenibilidad: Entender que una menor presión fiscal por cartón se traduce en mayor volumen de juego y, a largo plazo, en estabilidad recaudatoria, de mantenimiento de salas de bingo en funcionamiento y, por ende, de empleo.

Actualización del reglamento y régimen de instalación de máquinas.
El marco normativo que rige el bingo en la Comunidad Valenciana requiere una profunda modernización para adaptarse a los nuevos tiempos tecnológicos y comerciales.

• Reglamento obsoleto: Es vital flexibilizar las mecánicas de juego, adecuándolas a las nuevas tecnologías y modas, agilizar trámites administrativos y reducir las trabas burocráticas.
• Régimen de instalación de máquinas: Se necesita una regulación más abierta y dinámica para los terminales de juego y apuestas dentro de las salas. Permitir una mayor variedad y renovación de productos complementarios dentro de los propios bingos aumentará el tráfico de clientes y diversificará la oferta.

El marco normativo que rige el bingo en la Comunidad Valenciana requiere una profunda modernización para adaptarse a los nuevos tiempos tecnológicos y comerciales. Sin embargo, el verdadero nudo gordiano se encuentra en el régimen de instalación de máquinas, un ámbito donde la regulación de la Comunidad Valenciana se consolida como la más restrictiva de todo el territorio nacional

Resulta incomprensible a qué obedece esta cerrazón administrativa a la hora de denegar una mayor permisividad y flexibilidad de máquinas de juego en las salas de bingo. Sobre todo, si analizamos el panorama con perspectiva: esta asfixia normativa coincide en el tiempo con la histórica proliferación de centenares de salones de juego por toda la geografía valenciana.

Sigo sin encontrar respuesta lógica y coherente a esta asimetría regulatoria que sobreprotege a unos formatos mientras se restringe al bingo, cuando ambos conviven en el mismo entorno urbano y sus ofertas deberían entenderse como complementarias dentro del mismo segmento de ocio.

Mantener este agravio carece de lógica comercial y regulatoria. Se necesita urgentemente una ordenación más abierta y dinámica para los juegos dentro de nuestros espacios. Permitir una mayor variedad y renovación de posibilidades de juego complementarios dentro de los propios bingos no es un capricho; es la única vía para aumentar el tráfico de clientes, diversificar la oferta y salvar un modelo de negocio que genera empleo estable.

Conclusión: Actuar antes de que sea tarde.
El bingo valenciano no reclama privilegios; exige las herramientas normativas esenciales para operar en igualdad de condiciones dentro del mercado del ocio actual. Si la administración autonómica no dota de un atractivo real a los premios mediante una reforma fiscal urgente y no flexibiliza la instalación de máquinas, abocará al sector a una reconversión forzosa. Las consecuencias son de sobra conocidas: destrucción de empleo estable y una drástica caída en la recaudación. Este amargo jarabe ya lo hemos tomado en el pasado, y en dosis masivas. Para quienes no formaban parte del sector en aquel entonces, conviene refrescar la memoria: en el año 1990, la Comunidad Valenciana contaba con 110 salas de bingo en pleno funcionamiento. El goteo constante de cierres desde entonces es el vivo reflejo de una asfixia legislativa cronificada. A dia de hoy, hay 65 salas autorizadas – no todas abiertas-.

La adecuación normativa y fiscal ya no es una opción de cara al futuro; es, simple y llanamente, una estricta necesidad de supervivencia para el día de hoy. Por ello, desde el sector seguimos y seguiremos insistiendo en estas reformas. No es una petición de auxilio; es una reivindicación firme por pura razón de justicia.