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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Un frente común del juego privado nunca ha conseguido cuajar y habría que intentarlo

25 de septiembre de 2019

El juego privado en general está siendo objeto de unos ataques desaforados desde hace más de un año. Agrupaciones políticas de extrema izquierda y entidades afines se han encargado de abrir fuego contra la industria contando para ello con el eco amplificado y extremadamente alarmista y escandaloso de los medios informativos generalistas. Ante una situación semejante, que entraña tanta gravedad como repercusiones negativas para el sector, se han alzado voces, no muchas, tímidas algunas y más vigorosas otras, en defensa de la realidad de un sector comprometido muy a fondo con la aplicación de una metodología responsable de la actividad y dispuesto a cerrar filas junto a las administraciones en la implantación de cuantas medidas se consideren necesarias para la protección de colectivos vulnerables. Para que el juego sea un acto de entretenimiento y diversión y no una causa de adicción.

En una situación de la gravedad descrita, en la que lo deseable sería un cierre de filas sectorial de todos los subsectores, se hacen llamadas , muy loables, apelando al espíritu unitario, a la conveniencia inexcusable de un agrupamiento de las confederaciones o asociaciones empresariales de ámbito estatal para tratar de coordinar una acción conjunta destinada a que se escuche, alta y fuerte, la voz del juego privado de España con la intención puesta en una defensa de sus intereses basada en datos objetivos y en el intento de desmontar tanta patraña como la que circula por los medios audiovisuales. Una misión de entrada extremadamente complicada por los prejuicios existentes y la demonización de la industria y sus operadores pero que habría que intentar tratar de combatir con todo el grueso del sector unido frente a una causa común.

Esto sería lo deseable, la meta que habría que alcanzar por todos los medios dado el ambiente de escandalosa condena que se está creando sobre el juego. Por ello habrá que redoblar los esfuerzos, intensificar los contactos y subordinar protagonismos a presuntas hegemonías a lo que demanda el sector. Pero, desgraciadamente, los hechos son tozudos y nos demuestran, históricamente, que desde que se legalizó el juego en España todas las gestiones desplegadas, que han sido varias y algunas de mucho fuste, para conseguir una unidad sectorial de máquinas, salones, bingos y casinos se han saldado con fracasos, nunca han cuajado satisfactoriamente. No estaría de más hacer ahora lo imposible para romper el maleficio y ofrecer a la opinión pública la imagen de un sector firme, sólido y unido. Por intentarlo que no quede.

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