Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Un canto al sosiego

6 de mayo de 2016

Cada día que pasa y veo como se repiten secuencias desagradables de la jornada anterior me reafirmo en que vivimos en una sociedad desquiciada. Una sociedad presa del arrebato, donde la crispación toma carta de naturaleza en la calle, en el trabajo, en la cotidiana convivencia entre seres de una misma familia. Es perceptible en la mayoría de gente, hasta en la de talante más calmado, una tensión nerviosa y la tentación de caer, por un asunto pueril, en la discusión, el acaloramiento y el dejarse llevar por la sangre caliente que envenena las palabras y las relaciones.

En el marco de la convivencia diaria hemos pasado de los modales correctos y suaves al trato destemplado que eleva la voz para mirar por encima del hombro al que tienes delante. El diálogo se sustituye más de lo debido por la discusión acalorada y las frases de agradecimiento o cortesía quedan invalidadas por el tuteo de tono desabrido y la desconsideración hacia el prójimo. Los servicios al público en cualquier sector, que antes se distinguían por la atención personalizada y solícita, dispensan ahora un tratamiento de cara adusta y función mecánica, en el que se borró la sonrisa y la amabilidad es pura quimera. Estamos inmersos en una órbita social en la que se han traspasado muchas fronteras que humanizaban las relaciones sociales y las hacían más fáciles y llevaderas, más gratas, y menos ariscas y gritonas que las que actualmente nos vemos en la puñetera obligación de soportar.

Confieso que se acentúa en mi interior una voluntad firme de permanecer de espaldas a éste cuadro pintado a base de gruesos brochazos que dibuja la sociedad actual. Me alejo cada vez más del que dirán y de lo que vocea éste o aquél; del conflicto y de la disputa que a nada positivo conduce. Contemplo el discurrir del tiempo desde una atalaya de sosiego, en la que procuro que nada me perturbe, aunque tenga que hacer esfuerzos en ocasiones para lograrlo, para disfrutar de los bienes que nos ha regalado la vida. Y que a veces son tan simples como saber valorar las pequeñas cosas que depara la existencia simbolizadas en un sincero apretón de manos, unas frases que te llegan por derecho al corazón, y en el pensar que todavía quedan gentes, benditas sean, con las que es posible hablar, razonar y sentir. Sin pretenderlo me ha salido un canto al sosiego que tanto añoramos.

 
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