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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Tratamiento periodístico del juego

19 de abril de 2017

No es extraño, antes al contrario es tónica habitual, que los medios generalistas saquen punta negativa cuando del juego se trata. Hay que mostrar a la opinión pública el dato más llamativo y negativo, sea real o presumido; hay que señalar el lado oscuro y peligroso, venga o no a cuento, y hay que condenar el simple hecho del juego sin adentrarse en análisis ni discernir sobre hábitos naturales de entretenimiento que no entrañan riesgo alguno o entrar en patologías adictivas.

Hago éste preámbulo al leer un reportaje titulado “Hagan juego, muchachos” publicado por El País días atrás. Basa una parte sustancial de su contenido en el Anuario del Juego que patrocina la Fundación CODERE. No voy a entrar en su contenido y únicamente referirme a dos datos incluidos en dicho trabajo periodístico.

Se cita el dato elaborado por el Anuario que elabora José Antonio Gómez Yañez y que señala que la tasa de juego problemática se sitúa en el 0,3 % desde hace cinco años. Y reconoce que el porcentaje entre los jóvenes es mayor y estaría en el 0,6 %. Acto seguido cita a la doctora Susana Jimenez Murcia, psiquiatra responsable de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Belivitge, que contradice el dato anterior asegurando que el número sería más alto: “Siempre se barajan datos sobre el 1,5 y el 2 % de la población. Es lo que calcula la Unión Europea.”

No quiero entrar en éste baile de tantos por cientos. Entre otras razones porque no poseo elementos de juicio suficientes para calibrar quién de los dos, si el Anuario o la psiquiatra, llevan razón al señalar la realidad del juego problemático en nuestro país. Lo que no deja de chocarme es el celo mostrado por el autor del reportaje para contrarestar un dato, demostrativo de la baja relevancia del juego peligroso con otro totalmente distinto y capaz de echar leña para que se avive el fuego y se enciendan las alarmas sobre los peligros de las adicciones a las prácticas de azar. Todo muy en línea con los menús habituales cuando se trata, por lo tremendo, o lo sibilino como es el caso, de tirar mierda sobre el juego.

Por otro lado, éste es el riesgo que entraña la divulgación de trabajos como el Anuario del Juego. Que es herramienta fiable, bien trabajada y dotada de trasparencia para trasladar la imagen real del juego en España. Pero que también se aprovecha, faltaría más, para hacer sangre sobre sus vertientes socialmente peligrosas. Sean reales o inventadas. Eso no importa demasiado. 

 
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