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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

También en el juego hay que dar para recibir

23 de febrero de 2016

Los distintos subsectores del juego pretenden avanzar en su oferta de productos. Quieren alzar el vuelo rompiendo las barreras de la inercia que los han mantenido maniatados durante años. Y en ésa lucha por la ampliación de la oferta saltan chispas muchas veces. Y entran en colisión los intereses de unos y otros. Chocan bingos, salones y casinos por considerar que se invaden sus respectivos territorios llegado el momento de aprobar medidas que benefician a unos y perjudican a los opositores. Y entonces se producen los enfrentamientos asociativos y los enconamientos entre subsectores que lo único que consiguen es fomentar la desunión y hacer que la Administración se convierta en convidada de piedra y eche el freno de mano a la hora de decidir.

Un ejemplo de situaciones enquistadas por la falta de entendimiento ante las mejoras adjudicadas a un subsector la tenemos en Andalucía. La historia de los minicasinos o sucursales de los existentes viene de largo y el resultado es la parálisis total del juego. En otros territorios los salones demandan la implantación del bingo electrónico y los bingos esgrimen el hacha de guerra contra aquéllos. Y el lado contrario es el de los bingos reclamando más máquinas y de tipo especial y los salones y los casinos poniendo el grito en el cielo ante lo que consideran una invasión de sus parcelas.

La radiografía de lo que sucede pone de relieve que la presunta unidad del juego privado no deja de ser un deseo alejado de la realidad. Que aquí cada palo tiene que aguantar su vela y luchar en solitario para defender sus negocios. Pero ello no implica que sea preciso descartar el cambio de cromos. Las asociaciones empresariales deben ser conscientes de que hay avances que deben pagar peaje. Que la obtención de una mejora está subordinada a determinada cesión. Y que todo es cuestión de negociar, de hablar y reflexionar. Porque muchas veces resulta más saludable que todos avancen un poco, aunque sean unas docenas de metros, que no que todos permanezcan parados.

Y a ésa perentoria necesidad de dar y recibir, imprescindible para que el juego siga sumando, hay que hacer un llamamiento a las Administraciones. Para que se mojen cuando las circunstancias lo requieran. Para que abandonen las posturas cómodas, analicen y decidan. Procurando en ésa tarea ser equitativos y propiciando con ése sentido de la objetividad que los subsectores del juego crezcan y sean lo competitivos que merecen ser.
 

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