Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Sembradores de odio

25 de mayo de 2022

Es triste pero los hechos lo confirman. En el parlamento español, que es en teoría la cámara de las ideas, de las propuestas, del debate riguroso que  alecciona, de la ideología bien razonada allí no se hace política, al menos entendida ésta como un ejercicio noble en la más amplia aceptación de la palabra puesto al servicio de los intereses ciudadanos.

El parlamento español es a día de hoy la plaza mayor del descrédito político. El ágora abierta al insulto al oponente como principal y habitual argumento. El espacio donde se prodigan las descalificaciones personales, los ataques más groseros, las increpaciones chulescas e hirientes. El lenguaje empleado cae en la perversión degradante y es acompañado por gestos o actitudes impropias de gentes educadas.

Estos comportamientos inapropiados están sembrando el odio político entre sus señorías, que será más o menos teatral pero se exterioriza en la cámara y trasciende a la calle. Y en la calle, en la oficina, en el bar o en la casa está cuajando la semilla del odio cuando se abordan o tratan de comentarse los temas políticos. Entonces aflora la radicalización que viene alentándose desde las instancias políticas, el rechazo frontal al que no piensa como tú, el no escuchar al que no comparte tus criterios. El intercambio de ideas, el sosegado contraste de pareceres es arrasado sin el menor miramiento por ésa carga ideológica que se está propagando con tintes excluyentes hacia quienes piensan distinto.

Esto es lo que hay. Una clase política mediocre, con elementos cuyo nivel intelectual y moral les haría candidatos seguros a las listas del paro, se han ocupado de inocular la droga del odio en la sociedad y están alcanzando sus propósitos. Una España quebrada, rota por la extrema polarización ideológica en la que el odio es la flor del mal cuyo perfume se extiende.  

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