Los que viajamos en el último tren de la vida, que en mi círculo de amigos y allegados son cada vez menos por razones de edad avanzada, cuando nos llega la noticia de que uno de los nuestros llegó a la estación término para decirnos adiós se nos encoge el alma. Lamento sincero por el que se fue y una reflexión Intima respecto al epilogo más o menos cercano que nos aguarda. Escribo éstas palabras al tener conocimiento de la hora final de Rufino Merino Retuerta, un personaje de muchos quilates, humanos y profesionales, en la existencia de ASEJU y en el bingo de Madrid que se nos ha ido dejando entre quienes le tratamos una sensación de cierre de etapa de un ciclo asociativo en el que Rufino, y otros nombres que nos dejaron antes, forjaron la historia del bingo madrileño.
Le dediqué a Rufino Merino un artículo el pasado 16 de marzo. Sabía por José Luis que su estado era delicado en ésos momentos, pero seguía enviándome a través de su hijo abrazos y la cordialidad propia de un espíritu expansivo que en el trato directo resultaba contagioso. No esperaba en modo alguno un desenlace tan próximo. Y al tener constancia de ello no puedo resistirme a la evocación, a la búsqueda del tiempo perdido que en el caso de Rufino me lleva a una de las primeras ferias del juego, celebrada en Barcelona, en las que tuve oportunidad de conversar con él y apreciar su sabiduría en materia de bingo tanto jurídica como laboral. Y lo hacía, y ahí radicaba su mérito, con tanta naturalidad como carencia de afectación.
Hubo una etapa de mi quehacer periodístico vinculado al juego que me acercó mucho a ASEJU. Con algunos de cuyos directivos trabé sólida amistad y tuve fuertes discusiones, prevaleciendo por encima de todo un afecto sentido. Nombres como Manzano, De Pedro, Palmero, Marchan están instalados en la plaza mayor de mi memoria. Y junto a Rufino cubrieron una fase crucial en la existencia de ASEJU.
La marcha de Rufino Merino Retuerta hacia el más allá no impide que los que le conocimos y apreciamos mantengamos en lo alto el afecto hacia su figura caballerosa y cordial. Para José Luis, y su familia toda, vaya desde la avenida el testimonio de mi dolorido sentir.






