Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Rita Barberá

24 de noviembre de 2016

Una mujer que lo fue todo en Valencia, auténtica apisonadora municipal a la que le llovían los votos como agua de mayo. Que ganaba las elecciones sin despeinarse y era piropeada en barrios y mercados, a pesar de los numeritos que le montaban los figurantes enviados por el rojerío. Que puso la ciudad en órbita, le quitó complejos y le pasó el barniz de la modernidad. Una mujer exuberante, mandona, con genio y figura, odiada por una izquierda a la que desdeñaba y que se sentía disminuída frente a su talla de política rocosa e indomable. Una mujer convertida en santo y seña del PP en Valencia y reconocida y admirada como un emblema de su partido murió ayer, sola, en un hotel de Madrid.

Tristísimo y doloroso final para Rita Barberá Nolla, una alcaldesa ganadora, imbatible, que gozó de las mayores cotas de popularidad y a la que sus afines de partido rendían pleitesía, y que nos ha dicho adiós, de manera súbita, en un marco inesperado de tremenda y desgarradora soledad que simboliza lo que fueron los últimos días de su vida.

Por una donación de mil euros al partido, y una presunta recuperación de dos billetes de quinientos, Rita Barberá era investigada por el Tribunal Supremo por un caso de blanqueo de capitales. Una investigación por la que le obligaron a dejar el partido y sentir el latigazo del alejamiento de los suyos, de sufrir el frío y cruel vacío de muchos a la que tanto debían, entre ellos un Mariano Rajoy que se salvó de la quema en un congreso de Valencia merced a los apoyos de Rita y Camps.
 
La izquierda la distinguió con una inquina feroz y nunca le perdonó los continuos vapuleos electorales que le propinó Rita. Una Rita a la que acusaron de ladrona y que no tenía ni coche, pues su viejo automóvil salió de las cocheras municipales al desguace. Una Rita, que en el último tramo de su carrera política, fue objeto de las descalificaciones de los delfines del PP que, en política, no le llegaban ni al tacón. Una Rita abandonada por los suyos, por los que tanto hizo, que se pavoneaban afirmando: “Barberá ya no pertenece al partido:”
 
No sé en que medida habrán influído para tan abrupto adiós las tensiones y el aislacionismo emocional a que se vió sometida. Ni las dosis de inquina que le prodigaron hasta última hora las huestes de una izquierda montaraz y rencorosa. Lo que si sé es que Rita Barberá, con sus errores que los tuvo, no era merecedora del ensañamiento pública que soportó. Por los de su propia acera y la de enfrente. Pero si sé que nos ha dejado una alcaldesa con un par, con tirón popular, triunfadora, descarada, audaz y peleona. Cuya molde no recuperaremos. Porque Rita era irrepetible. Como algunos del sector.
 
 
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