Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Progresismo

20 de mayo de 2021

La izquierda política se autocalifica de progresista. Cada cual es libre de adjudicarse la etiqueta que considera más afín a sus pensamientos. Lo que sucede es que esto de las denominaciones es muy subjetivo y lo que para unos resulta un ejercicio de progresismo espectacular, de avance sin parangón, para otros no es más que conducta equivocada y reparto de miseria. Son por tanto dos ópticas de la vida y la política muy diferentes.

Valencia creció hace años como nunca lo había hecho. La ciudad se transformó por completo, tomó aire, se ensancho y abrió puertas al progreso. Recuerdo que gobernaba entonces la derecha. Uno de sus grandes hitos fue la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pieza de una monumentalidad modernista y sede cultural y social de primerísimo orden que atrajo la mirada de los turistas, multiplicó su presencia, y se convirtió en el principal atractivo de la capital. Que costó lo suyo pero ha ido dejando cuantiosos beneficios.

Ahora gobierna la izquierda. Y la plaza del Ayuntamiento, uno de los enclaves urbanos más concurridos por ser santo y seña de la ciudad, se ha reconvertido. En plena guerra contra el automóvil la han declarado peatonal, han mudado su fisonomía y llenado de fuerte colorido. Y para engrandecer la estampa han montado a su alrededor un conjunto de tenderetes populares, propios de mercadillos de barrio, donde venden ropas y vestidos, entre ellos braguitas de señora al módico precio de 3 euros la pieza. Como aliciente turístico no me digan que la idea no es ingeniosa, sobre todo para encantar al turismo de calidad. El alcalde dice, con esto a la vista, que Valencia es una ciudad de diseño. Lo que no aclara de que tipo.

Este es el relato, sucinto y real, de dos muestras de entender el progreso, de dos ópticas políticas. ¿ Que les parece el resultado…?

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