Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Pepe Ballesteros

25 de julio de 2019

Solemos hablar largo y tendido Pepe Ballesteros y servidor. Y por lo general de lo que menos hablamos es del juego aunque parezca extraño. Abordamos otras cuestiones y compartimos otras preocupaciones, íntimamente ligadas al cotidiano vivir, que son mutuas y sobre las que suelen aflorar criterios bastante coincidentes. Y de vez en cuando nos damos una vuelta por la plaza mayor de la memoria para evocar situaciones de un ayer ya bastante distante en el tiempo que vivimos codo con codo.

Lo conozco cerca de cuarenta años y lo que no deja de asombrarme de Pepe Ballesteros es su estar casi de manera permanente en posición de empresario. Una función, un trabajo, una responsabilidad, la de empresario, que nuestro protagonista lleva adherida a la piel desde bien chico y de la que no ha sabido ni querido desprenderse por espacio de más de medio siglo. Porque Pepe Ballesteros comenzó sintiendo el cosquilleo del emprendedor cumplidos los once o doce años y desde entonces no se ha dado tregua. Lo suyo es estar en situación de alerta y ojo avizor buena parte de la jornada. Barajando iniciativas, analizando propuestas y tirando como el que más de un carro empresarial, de grandes proporciones, cuyas bridas sigue manejando con tanta destreza como energía.

Podría tumbarse al sol de la tranquilidad, dormir la siesta del guerrero que tiene el descanso más que ganado. No es de ésos. Ballesteros apuesta por continuar haciendo lo que siempre ha hecho: comportarse como un empresario indomable.

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