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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

No hay que jugar con el miedo

23 de mayo de 2017

La industria española del juego es periódicamente víctima de amenazas contra su posición en el mercado que desencadenan miedo. Miedo a la pérdida de cuota de mercado, al rezagamiento en materia de oferta y el reduccionismo en el campo operativo donde tradicionalmente se desenvuelve. Temores que en determinados casos tienen una base sólida por cuanto representan un peligro innegable para la estabilidad sectorial y en otros no responden más que a ésa rumorología inconsistente que no obstante cumple su objetivo de generar inquietud y desasosiego.

Ahora andamos metidos en el presunto desembarco de SELAE y su división acorazada en los bares del país para sacar su dinerito con las terminales de apuestas.  La mecha del miedo se ha encendido rápidamente hasta poner en estado de máxima alerta a los operadores de hostelería. Que han pagado, y siguen pagando un altísimo peaje por la prohibición de fumar, la crisis y el cambio de modelo que está sustituyendo la imagen tradicional del bar de toda la vida por otro tipo de establecimiento.

SELAE ha desmentido que la invasión en territorio ajeno pueda producirse. Pero tampoco es cuestión de fiarse. El estado, representado por el gobierno de turno, nos ha vendido en múltiples oportunidades la burra de que no subiría los impuestos y nos ha saqueado los bolsillos con su política fiscal. Es un ejemplo. Por tanto conviene estar en guardia y con las luces de emergencia encendidas. Pero sin dejarse aprisionar por la telaraña del miedo, ése miedo que angustia, atenaza y es preciso desterrar para no convertirlo en un freno de la actividad.

Las administraciones autonómicas son muy celosas de sus competencias. Y de los ingresos que obtienen por ellas. Lo que significa que no es previsible que admitan injerencias estatales en materia de juego. Máxime en el caso que nos ocupa en el que se produciría una invasión indeseada en la oferta de hostelería. Aún el supuesto hipotético que legalmente fuera factible ésta intromisión, cosa que dudo, las administraciones autonómicas reaccionarían con contundencia oponiéndose. 

Conviene recurrir a la calma y no sucumbir a los vientos del miedo. Tantas veces aventados por quienes hacen del rumor o la falacia un acto de fe. 
 
 
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