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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

No es miedo, es pánico

11 de febrero de 2016

El presidente de CEOE, Juan Rosell, dice que no tiene miedo a un futuro gobierno PSOE-Podemos. Al menos, añade, hasta que se conozcan a fondo los planes de actuación política del citado binomio. El mandamás de la patronal sacaba de éste modo el capote de la prudencia institucional y en un ejercicio actoral digno de aplauso convertía en comedia lo que puede ser un auténtico dramón.

Los políticos, los patronos oficializados y con prebendas y los sindicalistas que viven de la mamandurria nos tienen acostumbrados a clases magistrales de hipocresía. De alardes de poner rostros de cemento cuando niegan hoy lo que dijeron ayer o tratan de vendernos gato por liebre con la mayor desfachatez y sin ningún escrúpulo. Rosell trató de escurrir el bulto y puso cara de póker cuando le soltaron lo del miedo. Porque sabe que no es miedo si no pánico el que experimentan la inmensa mayoría de grandes, pequeños y medianos empresarios sólo de pensar que el señor Sánchez pueda ser una marioneta en manos del señor Iglesias. Y que empiecen por cargarse la reforma laboral y continúen exprimiéndonos más si cabe con los impuestos, las subvenciones sociales que pagamos todos a tocateja, las amenazas contra la propiedad privada y no sé cuantas recetas con perfume bolivariano.

Este es el pánico que recorre a día de hoy la espina dorsal de tanto mediano empresario que lucha a brazo partido para llegar a fin de mes y poder pagar las nóminas del personal y las cuotas de la seguridad social. Y al que le ha costado sudor y lágrimas poder salvar el pequeño barco de su empresita tras el oleaje y las tormentas de los últimos años. Y su pánico viene dado porque ése empresario cree en la economía de mercado y huye del intervencionismo estatal elevado al cubo de las teorías comunistas generadoras de escasez. Escasez de libertad, de pan y trabajo.

Los que no parecen tener miedo alguno, antes al contrario se muestran eufóricos, son los sindicalistas. Los señores Toxo y Méndez, que llevaban ni se sabe el tiempo con la boca cerrada, sin decir ni pío y disfrutando del cuento de las subvenciones estatales, y que ahora saludan con alborozo la arribada posible de PSOE-Podemos. Es la otra cara de una patronal y unos sindicatos que han rivalizado, con pleno consentimiento de los gobiernos de turno, en chupar de la ubre de la formación para montar unos aparatos oficialistas, anquilosados en sus prácticas y actuaciones. Y que reclaman a gritos una trasformación, un aire nuevo. Un dejar atrás vicios y estructuras falsamente operativas que los convierten en más figurativos que eficaces para la sociedad.
 

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