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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Los que pagan no cuentan

18 de febrero de 2026

La escena tuvo lugar en el ministerio de Trabajo. La vicepresidenta segunda y titular del departamento le dijo al presidente del Gobierno: Querido presidente tú siempre estás en el lado bueno de la historia. El líder del ejecutivo se mostró sumamente satisfecho con la lisonja, aunque piensa que es merecedor de algo más, y asistió a la firma de la ministra y los representantes de los sindicatos de la subida del salario mínimo interprofesional.

A todo esto, ¿ los paganos donde estaban ? Los que sueltan la tela mensual para abonar los salarios mínimos y los otros ni estaban ni se les esperaba.

Esta situación, en épocas anteriores, absolutamente insólita, se viene repitiendo desde hace unos años como algo natural y desprovisto de importancia. Aquí los guisos salariales se cocinan entre gobierno y centrales obreras como si los patronos fueran absolutamente ajenos a una cuestión que les toca de manera muy directa los bolsillos. Como si nada tuvieran que exponer u opinar respecto a un asunto que afecta directamente a la marcha económica de sus sociedades.

No contentos con la marginación de la patronal de un asunto de ésta trascendencia el presidente se permitió echar una reprimenda a los empresarios, llamándoles al orden con tono campanudo para que saquen más dinero, ¿ de donde se preguntaban algunos ?, y suban los sueldos del personal bajo su tutela económica.

Salarios al alza por decreto, sin ni siquiera ser debatidos en el congreso, no es propio de un régimen considerado democrático. Marginar de éstas decisiones a los que invierten, arriesgan y crean empleo sellando sus bocas es propia de un ordeno y mando que casa muy mal con un marco de libre economía de mercado. No es otra fórmula que la de la aplicación de un autoritarismo radical, populismo que vive de los gestos más que de una rigurosa acción de gobierno y que no sirve para otra cosa que no sea el retroceso y la desconfianza de las empresas ante la imposición de unas reglas de juego tendenciosas y atentatorias contra su capacidad de desarrollo.

Si se persiste en la idea de ignorar a los que pagan corremos el riesgo de ir destruyendo empresas, sobre todo pequeñas, y contando con muchos menos perceptores del salario mínimo. Pero no hay que preocuparse, con seguir atizando impositivamente a las empresas basta y sobra. Los que pagan seguirán pagando y siendo difamados. Y no faltarán, por supuesto que no, las paguitas sociales. El populismo es así de benefactor.