Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Los loteros

13 de diciembre de 2021

El juego blanco, familiar, generador de sueños y fantasías, ése que cambia vidas y desata la euforia popular, el que hace descorchar el cava y provoca las colas de la ilusión en pos del billete que tapa agujeros o provoca la felicidad resulta que también arrastra problemas. Los loteros se han puesto en pie de guerra. Amenazaron con una huelga primero en día clave. Y lo último que anuncian es el cierre de sus administraciones durante tres jornadas para retrasar el pago de los premios del sorteo de Navidad. Estamos ante un hecho sin precedentes, un acto inédito cuya finalidad no es otra que expresar su cabreo por la congelación de sus comisiones. Un cabreo que, en caso de materializarse, sólo haría que frenar unas horas o jornadas la euforia de los agraciados por el Gordo.

Lo cierto es que los loteros llevan tiempo con la mosca tras la oreja. Y el problema no es otro más que el del dinerito. Quieren más, como casi todo el mundo y la administración se hace la remolona y no atiende sus peticiones. Digo yo que tendrán que entenderse las partes y evitar la mancha negra que supondría un Gordo de Navidad con los despachos cerrados a cal y canto. Todo menos borrar del paisaje urbano la estampa tradicional del despacho de loterías un 22 de diciembre. No concebimos esa fecha con las persianas bajadas, dejando de ser escenario del estallido de alegría que acompaña a quienes son tocados por la varita mágica del redondo, seguro azar. Y que vocean al mundo entero su ingenua y espontánea felicidad. Aunque sea un poquito de ella

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