La señora vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social y los representantes de los sindicatos UGT y CCOO firmaron un acuerdo para impulsar la modificación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de cuya entrada en vigor se han cumplido treinta años. El motivo obedece al incremento de la siniestralidad laboral y en la necesidad existente de amortiguar el número de accidentes que se registran durante el desarrollo del trabajo.
Me parece estupendo que se adopten toda clase de medidas para intensificar la seguridad en el trabajo. Máxime cuando el número de bajas está experimentando unos índices de subida asustantes. El bingo, por citar un caso, denunció recientemente una situación alarmante en este sentido. Por tanto habrá que poner manos a la obra en materia de prevención.
Lo que no acierto a explicarme es que en un asunto de esta naturaleza el guiso lo cocinen el gobierno y los sindicatos. Y me pregunto: ¿Es que los empresarios ni pinchan ni cortan en un tema que les afecta muy directamente y que les hace rascarse el bolsillo más de lo debido? Por lo visto los miembros de la patronal no tienen vela en un entierro del que son paganos y del que se les margina por decisión gubernativa en manifiesta connivencia con las centrales sindicales.
El caso no es nuevo. Últimamente la señora vicepresidenta segunda opta por actuar de manera directa con los sindicatos y pacta con ellos lo que considera oportuno. Y se olvida, deliberadamente, de la delegación empresarial a la que excluye de éstas reuniones que inciden sobre la marcha de sus negocios y el balance de su cuenta de resultados. Asistimos por tanto a un escenario insólito donde los paganos, que son los que ofrecen faena y atienden al abono de sus nóminas no entran para nada en el análisis, debate y solución de cuestiones en las que desarrollan un destacado protagonismo.
¿ Es propio de una democracia madura éste reiterativo desdén hacia la figura del empresario hasta el extremo de ignorarlo y dejarlo sin voz en asuntos en los que tiene mucho que decir? Pienso que ésta es una anomalía democrática grave y muy preocupante, propia de regímenes en los que el gobierno ordena y manda a espaldas de una parte importante de la sociedad. ¿O es que en España los empresarios ya no son dignos del respeto y la atención que merecen por parte de la señora vicepresidenta segunda del gobierno? Cuya influencia política de su partido está bajo mínimos y en fase de extinción. Por algo será, digo yo.






