Los cómicos. Algunos de ellos, que andando el tiempo alcanzaron la popularidad, las pasaron putas en sus comienzos. Actuaban en teatros ambulantes, iban de pueblo en pueblo y cobraban cuando la taquilla daba para repartir. La carrera de éstos cómicos arrancaba en los espectáculos llamados de varietés, donde ellos contaban sus chistes y sus parodias, las muchachas en flor se movían y enseñaban sus cositas y el público reía y se lo pasaba en grande.
scribo esto después de recibir llamadas y mensajes sobre mi artículo dedicado a Fernando Esteso. En todas ellas había unanimidad en resaltar la figura de un humorista que, al igual que Andrés Pajares, su pareja en tantas películas, supo ganarse el favor de la gente, que se lo pasó en grande con sus parodias, que se divertía con sus historias que ayudaban, y mucho, a la evasión de los problemas cotidianos e invitaban a la carcajada.
Este alto grado de aceptación por miles y miles de espectadores, que en el caso de Esteso y Pajares fueron muchísimos, contrastó con el desdén que merecieron sus trayectorias de una intelectualidad, presunta, excluyente y dogmática.
Pero el pueblo es sabio y suele acertar. Y por mucho desprecio que recibiera el cine de Pajares y Esteso, y otras figuras propias de la época, por mucha desconsideración hacia el trabajo de directores como Mariano Ozores, que hizo ganar cientos de millones al cine español y al final de su existencia se vieron obligados a concederle un Goya de honor, lo cierto es que cómicos como los mencionados arrasaron en taquilla, lograron hacernos olvidar penas y nos asomaron a la ventana de la alegría del vivir.
Los cómicos. Don Paco Martínez Soria, Pajares, Esteso, Landa, los Ozores y otros muchos han sido legítimos acreedores de la gratitud escénica de un pueblo que con ellos aprendió a disfrutar de un inocente sentido del humor, si se quiere de brocha gorda, pero que animaba y divertía. Ese es su legado que nadie puede discutirles y que provocó admiración y afectos. Por mucho que se empeñen en negarlo los finolis de zurda ideología. Mal que les pese Esteso está, y sea por siempre, en el olimpo de la risa.






