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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Los 48 kilos de Cataluña

3 de marzo de 2026

Los operadores del juego privado en Cataluña se han enterado de la noticia: La Generalitat destinará 48 milloncitos de euros para un programa de Regulación, control y gestión del juego. Un pico que servirá para programar 850 inspecciones a los locales del sector y entrar a fondo en la digitalización de los trámites que afectan al desarrollo de sus negocios.

La inmensa mayoría de empresarios no temen para nada el chorreo de inspecciones anunciado porque están comprometidos con el cumplimiento de las normativas establecidas. Y se felicitan de que, por fin, se agilicen al máximo los procedimientos administrativos que, muchísimas veces, se eternizan en los despachos y ponen de los nervios a los operadores.

Supongo que al sector le parecerán de perlas las medidas anunciadas que aparecen en unos presupuestos, ojo al parche, pendientes de aprobación. Pero ésta complacencia corre pareja con un estado de inquietud que también flota en el ambiente sectorial: ¿ Y de lo nuestro qué… ? Es decir: ¿Cuando se piensa poner manos a la obra en la mejora de los reglamentos vigentes, en el empujón evolutivo más que necesario, en impulsar medidas destinadas a configurar el futuro de bingos, salones, máquinas y casinos ? ¿Para cuando respuestas en éste sentido ?.

Cataluña es un territorio autonómico anquilosado en lo tocante al juego. Lleva años en el furgón de cola respecto a la inmensa mayoría de comunidades entre la resignación de un empresariado que siente envidia de ver como se actúa en otras latitudes. El bingo, por citar un ejemplo, se ha quedado absolutamente descolgado si lo comparamos con las normativas vigentes en casi todas las comunidades. Y en idénticos términos podríamos hablar del resto de subsectores que ofrecen una imagen inane, carente del pulso económico imprescindible para encarar el futuro con garantías de viabilidad.

Que está muy bien lo del programa y los 48 kilos. Que hay que apostar muy en serio por agilizar los expedientes aplicando las nuevas tecnologías. Pero antes que nada las empresas piden un empujoncito, un mirar adelante, un incentivo para dinamizar sus esquilmadas economías. Claman, a grito pelado, que sus negocios, pobrecitos míos, salgan de una siesta obligada que dura años y se pongan al día que buena falta les hace. ¿ Es esto solicitar un imposible ? Mirando al resto de comunidades obtendrán una respuesta fácil. Yo diría que facilísima.