Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

La fuerza imparable del alma

15 de abril de 2016

 En cualquier orden de la vida, para tocar con la punta de los dedos la cima del éxito, llegando a la ansiada cumbre personal o profesional, es preciso poner alma en el empeño. Con ideas, inteligencia, dinero y apoyos puede alcanzarse el triunfo. Pero nunca será completo ni definitivo si falta el soplo alentador del alma, que es fuerza que nace de lo más profundo de uno mismo y que nos confiere confianza, moral, espíritu de lucha y perseverancia ciega para coronar la obtención de aquello que tanto anhelamos.

El fracaso, individual o colectivo, se resume muchas veces en breves frases: Era una persona sin alma, vimos jugar a un equipo carente de alma. Tan simple y certera sentencia sobre la frustración, sobre el desvalimiento de los que quedan a mitad camino, pone en valor la fe que surge del alma y que nos vacuna contra el desaliento y nos empuja a la pelea cotidiana en pos de unas metas o ideales. Una fe que invita al sacrificio y a la perseverancia para sortear trampas y salvar escollos; para volar por encima de quienes tratarán de cortarnos las alas de la ilusión y empujarnos hacia el pozo gris de la uniformidad colectiva.

En el plano colectivo el ejemplo podemos extraerlo de un partido de fútbol: Atlético de Madrid- Barcelona de la copa de Europa. Un Barcelona lleno de talento, creatividad, exquisitez y figuras multimillonarias. Un equipo de coste económico estratosférico. Y delante un Atlético subordinado como base de su capacidad balompédica a la entrega generosísima y sin darse respiro; a la lucha del minuto uno al noventa; a la mentalidad de creerse lo que hacen. A derrochar, en definitiva, alma para conseguir el triunfo soñado. Un alma que sabe contagiar y trasmitir su líder, Diego Pablo Simeone, y que impregna todas las acciones del grupo. 
 
Si pasamos a las epopeyas individuales y por sacar a relucir dos ejemplos vinculados al juego, ¿que hubieran hecho los Lao o los Franco si además de iniciativa, valor y estar en el sitio preciso durante el momento adecuado no hubieran tirado de alma para salir adelante en sus peleas a brazo partido para imponerse en un escenario hostil? ¿Serían lo que son? Rotundamente no.
 
La fuerza del alma, su vigor y consistencia, es la que nos ayuda cada mañana al despuntar el alba a creer que somos capaces de llegar a ver a luz de la alegría y el triunfo.
 
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