He conocido y tratado a los grandes del sector. Algunos ya no están entre nosotros y otros salieron de su círculo empresarial. Si algo los identificaba entre ellos era su enorme capacidad de trabajo y su voluntad de estar al tanto de todo lo que acontecía, sectorialmente hablando, a su alrededor.
Seguidor directo de ésa dinastía de grandes, que en su caso adquiere una enorme relevancia es Johnny Ortiz, fundador de ZITRO y hombre entregado las 25 horas del día, hay una más de propina, no sólo al devenir de su compañía sino al auscultamiento permanente de todo aquello que se relaciona con el sector, sus problemas y el pulso de su actualidad.
Puedo hablar con propiedad sobre la atención extrema que Johnny dispensa a la marcha de la industria. No hay noticia que no examine con lupa y criterio. No hay acontecimiento que se le pase por alto. No hay análisis que no sea objeto de su disección y sometido a su particular opinión. Y recoge impresiones, recaba datos para estar permanentemente impuesto de lo que sucede en las empresas y se vive en la calle.
Es Johnny un vigía que permanece a diario en su puesto oteando el horizonte de la industria. Tratando de no perder detalle y siendo consciente de que la información es un factor clave para la marcha de las empresas, la suya incluida en primer lugar. Su curiosidad no encuentra límites ni tampoco su voluntad de llegar al fondo de las cuestiones que se ventilan por complicadas que sean. No se cuándo descansa nuestro protagonista lo único que me consta es que hay días en los que a las seis o siete de la mañana ya tengo constancia de su opinión o interés sobre éste o aquél asunto.
Los grandes han dejado huella imperecedera en el sector. El padre de Johnny, don Alejandro Ortiz, fue uno de ellos en Brasil donde desempeñó diversos oficios hasta alcanzar una posición de liderazgo en la industria, que de su mano experimentó una transformación espectacular. Johnny ha cogido su testigo y pienso que ha elevado, y mucho, su condición de empresario con vocación internacional, con sentido global, al que el mundo se le está quedando un poco pequeño. Vigía permanente cuya intensidad se renueva cada minuto que pasa, Un verdadero titán. Lo digo como lo siento.






