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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Hostelería a la baja y sin salidas

26 de junio de 2018

En COFAR se apostó por un mantenimiento de la oferta de juego en hostelería. Y éste es un objetivo a conseguir siendo optimistas. Los datos y la tendencia existente no permiten augurar que semejante pretensión pueda llevarse a cabo. En diez años el parque de máquinas ha descendido en más de cincuenta mil unidades y las recaudaciones han ido cayendo en algunos casos de manera estrepitosa. La realidad es que la máquina del bar está perdiendo fuelle económico de manera progresiva en la medida que otros productos de nueva creación, como las apuestas, le arañan mercado y el propio concepto del establecimiento hostelero va modificándose y no contando con la máquina.

Oponerse a que se incrementen los premios de la máquina de hostelería o la intensidad del juego es un ejercicio de sentido común, de sensatez, porque todos los síntomas apuntan hacia un debilitamiento progresivo de la demanda por razones obvias que se vienen constatando. El aumento del parque se presenta por ello quimérico y aquí la única baza a jugar es la de “virgencita que me quede como estoy.” Pretensión que no se soluciona para el sostenimiento del negocio con modelos descafeinados u otros de corte agresivo. Pienso que ninguna de las dos propuestas salva al sector.

Por descontado que los fabricantes, como lo vienen haciendo, deben seguir esforzándose en crear modelos que inviten cada vez más a la diversión, aparte del interés del premio. Pero el subsector, vistos los retrocesos experimentados y que continúan, sólo tiene una salida de futuro: El reajuste fiscal, poner punto final a una tributación desmedida y estranguladora, acabar con una sangría económica a la que si no se pone coto acabará con el sector. Si las administraciones no toman conciencia firmarán la paulatina sentencia de muerte de las máquinas en hostelería. Y no exageramos. Reflejamos el advenimiento de una realidad próxima. 

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