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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Hospitalidad de las tierras castellanas

20 de noviembre de 2018

Al margen de lo que el Congreso de Juego de Castilla y León depara en materia de instrucción del juego, de aportación recibida por los debates y exposiciones, hay otro factor que contribuye sobremanera al auge experimentado por este evento ya clásico en el calendario anual: la hospitalidad de las tierras castellanas. Que hacen que la asistencia se incremente en cada nuevo congreso en número y calidad.

La idea de convertir éste acontecimiento en un vehículo itinerante que lleva recorridas, en ocasiones por partida doble, todas las provincias del arco territorial de Castilla y León ha dejado constancia de una prueba: Todas han rivalizado en abrir los brazos cordialmente a los invitados, todas se han multiplicado para dejar constancia plena de su espíritu hospitalario, de su amabilidad y cuidado en el detalle, de su poner en juego la mejor predisposición para que la estancia del forastero se sienta como en casa. Y puedo afirmar que han coronado su objetivo con nota muy alta que ha servido para ayudar, y mucho, al prestigio del congreso.

Y luego está, como rúbrica que traspasa la sensibilidad, el paisaje urbano de estas tierras castellanoleonesas, salpicado de piedras que son historia viva, escenarios de epopeyas que datan de siglos, rotunda monumentalidad arquitectónica y casas abiertas al bien yantar y mejor beber que convierten un paseo por su geografía en un auténtico disfrute del alma. Que hay que valorar y repetir. Estos son algunos de los pequeños secretos de un congreso modélico y recomendable. Por tierras castellanas siempre agradecidas.

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