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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Fantasía y bajada de pantalones

31 de mayo de 2017

En materia de juego hace tiempo que Madrid se convirtió en un reino de fantasía dónde caben y son creíbles los cuentos chinos. Primero llegó Adelson y vendió la burra y al final todo quedó en un fiasco. Y ahora desembarcan por segunda vez los tipos de Cordish y la imaginación se desborda y se excita al pueblo con relatos que tienen mucho de hiperbólicos cuando no entran en la pura ficción.

Los americanitos de Cordish que afirmaban que el juego era un complemento del Centro Integrado de Desarrollo cuyo segundo proyecto han presentado a la Comunidad de Madrid se descuelgan diciendo que el 60% de sus ingresos procederán del juego. Prevén de bote pronto unos ingresos anuales de 784 millones de euros de los que 486 millones saldrán de las máquinas , ruletas y mesas. Para alcanzar dichas cifras anticipan que recibirán 21.000 visitas diarias en el complejo. Y garantizan 20.000 empleos para atender sus servicios.

¿Como se han quedado ante semejante despliegue de explotaciones, visitantes y puestos de trabajo? Yo confieso sentirme deslumbrado y con mi capacidad de asombro superada, casi noqueada. Sobre todo al repasar otra vez las condiciones impuestas por las americanitos para hacer realidad el sueño madrileño de Cordish y sus Torres de la Alameda.

Es notorio que la tributación del juego se ha redondeado en el 10% y ésta concesión, toda una bofetada dada en la cara del juego que opera en la Comunidad, se completa con la autorización de la entrada de menores en el casino si van acompañados. Lo que representa una vulneración fragante de la normativa y una bajada de pantalones de la administración que, en caso de confirmarse, provocaría reacciones tan furibundas como absolutamente justificadas.

Lo he repetido en ocasiones anteriores: En la propuesta de Cordish hay mucho envoltorio, muchas dosis de fábula, mucho humo. Pero la mercancía se vende y la administración se anestesia y cede a las imposiciones planteadas.

Sé que hablamos de megaproyectos, de inversiones multimillonarias y de varitas mágicas para crear empleo. Pero toda ésta parafernalia no justifica en modo alguno esa desproporción del trato, en todos los sentidos, entre el que se dispensa a los operadores de casa y a los foráneos. La comparación indigna, rebela y demanda contrapartidas contra los perjudicados. Que en el supuesto de materializarse el proyecto, que está por ver, tendrían que ser inmediatas. 

 
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