Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

El juego y su estela de fantasías

1 de abril de 2016

Juego y fantasía son dos términos que caminan por sendas paralelas. En todo aquello que concierne al juego la fantasía, la imaginación desbordada hacia lo hiperbólico ha sido y es uno de los ingredientes habituales. Se ha fantaseado mucho con las ganancias millonarias del juego, que por supuesto las ha habido, pero no de la manera generalizada que se pretende hacer creer; se ha hecho mucha ficción con los negocios del juego, alimentados por los tópicos clichés cinematográficos que pertenecen al celuloide del blanco y negro y se han puesto etiquetas a los empresarios del ramo que distan de la realidad y son estereotipos propios de la novela negra.

A ésta herramienta del juego con la fantasía como elemento  sobre el que se han fabricado muchas leyendas urbanas, relatos más calenturientos que reales y trivialidades de puro cuento han contribuido, por descontado que sí, la literatura y el cine en proporciones muy considerables. Y también, y esto es preciso admitirlo, algunas gentes del juego que lejos de disociar el  juego de la fantasía, lo tangible de lo puramente imaginario, han ayudado lo suyo, por inconsciencia o frivolidad, a tejer los numerosos tópicos que todavía pesan sobre la actividad.

Son gentes del sector las que han hablado, y continúan con sus peroratas, de beneficios fáciles y desproporcionados a todas luces a través del juego; de proyectos que son mercancía de megalómanos que luego se esfuman en el aire; que pintan el desarrollo de sus negocios con la varita mágica de los cuentos de hadas y no hacen ascos a las existencia de conspiraciones o chantajes de película alrededor de los escenarios cotidianos del juego.

A ésta ceremonia confusa se suman los proyectos colosales que venden casinos de ensueño, hoteles de superlujo, prostitutas de ídem y un chorreo de euros que no tienen fin. Simple y llanamente fantasía barata que trata de jugar con la credulidad de una sociedad cada vez más incrédula pero que todavía es víctima de los prejuicios, las maledicencias y las mentiras elaboradas sobre el juego. Que, faltaría más,  tiene sus lados oscuros. Como los tienen otros sectores económicos que, sin embargo, no han sido objeto de ésa estela de fantasía, tantas veces negativa, que desvirtúa con criterios generalizados todos los aspectos relacionados con el juego. Y a los que no son ajenos algunos de sus protagonistas.
 

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