Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Dos casos de políticas nefastas utilizadas contra el juego

3 de febrero de 2016

Los promotores del proyecto BCN World, que pretenden construir un complejo hotelero y de juego en Salou, han expresado su preocupación al alcalde de la localidad ante la paralización del plan urbanístico de la zona. Y al expresar su inquietud han deslizado un mensaje: otros países ofrecen territorios y facilidades para que se materialice el proyecto. Y el alcalde recoge la amenaza y pide a la Generalitat que no ponga freno al progreso, desarrollo y crecimiento del territorio y la posibilidad de empleo para sus habitantes.

Como es sabido los antisistemas de la CUP una de las primeras exigencias que plantearon para formar gobierno fue detener la tramitación de BCN World. Y los argumentos dados para su frenado consistían en que hay que volver a estudiar el proyecto. Una excusa válida para ir sacando de la chistera del radicalismo político más rancio todo tipo de obstáculos. Y acerca de la postura de éstos individuos, algunos de los cuales acorralaron, persiguieron. insultaron y trataron de agredir a representantes del anterior ejecutivo de la Generalitat, cabe preguntarse:¿No tienen más problemas de los que ocuparse que poner obstáculos a la inversión que genera expectativas de bienestar? ¿ No hay asuntos más perentorios en una Comunidad azotada por la corrupción institucional y el déficit público que asustar al capital?.

Este es un ejemplo ilustrativo del daño que puede hacer al juego la práctica de una política alentada por el resentimiento social y en la inquina latente hacia la iniciativa privada. Lo suyo es la tutela de lo público, cuando más mejor, y a expropiar lo que se pueda.

Y otro caso significativo de ponzoña política contra el juego lo encontramos en el Ayuntamiento de Palma (antes de Mallorca). Un consistorio salpicado por la corrupción y las prácticas irregulares, metido en mil líos, que se enfrenta con extrema tenacidad a una licencia otorgada por su propio gobierno y se embrolla en contenciosos judiciales que eternizan la apertura del Gran Casino Teatro Balear. Y éste es un asunto en el que la política, también de izquierdas, apesta y va incluso más allá de los prejuicios ideológicos para desprender otros aromas. Que igual tienen que ver con el olor del dinero.