Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Don Jesús, a pie de máquina

4 de febrero de 2016

Don Jesús podría desde hace un puñado de años estar sentado en la puerta de su finca para disfrutar tranquilamente del paisaje. Oteando las piezas de caza que corretean por la cañada; disfrutando de una partida de cartas con los amigos; llenándose los ojos con el brillo del amanecer que dora los campos. Pero aunque  ensanche el espíritu con éstos placeres lo suyo es estar, nunca mejor dicho, a pie de máquina, auscultando la música que sale de ella y sintiendo ésa íntima emoción que proporciona el sonido de las monedas al dar el premio. En ésas máquinas, en ésas melodías, late el sentido de una vida de trabajo hasta dejarse la piel, de lucha permanente y arriesgada, de golpes duros que desarbolan y de los que hay que levantarse pronto para proseguir la pelea cotidiana.

Ver a Jesús Franco en Londres, en las Vegas, México o Buenos Aires a pie de máquina, como lo hemos contemplado tantas veces a lo largo de muchos años, y comprobar que sigue ahí sin ceder un ápice en vigor y ganas de lucha, es toda una lección personal y empresarial de un hombre para quién la obra levantada junto a su hermano Joaquín es la brújula que ha guiado sus pasos por espacio de medio siglo. Y de la que no ha querido apartarse, y proposiciones tentadoras las ha tenido y han sido muchas, para seguir manteniendo viva la llama creadora de un grupo al que el juego español le debe lo suyo.

Escuchar de boca del propio Jesús sus comienzos en el juego, sus avatares y sus tropiezos hasta tocar el cielo del éxito, es una confesión de alguien a quién la vida no le regaló nada. Que tuvo que abrirse paso a costa de esfuerzos titánicos y fe en lo que hacía, y que aguantó reveses y golpes bajos que no lograron nunca hacerle bajar la guardia ni cesar en su empeño de mantener la empresa arriba, donde siempre estuvo.

Don Jesús a pie de máquina, cuando tiene ganado a pulso el reposo del guerrero, simboliza un testimonio enriquecedor para el mundo empresarial y profesional de lo valioso que es para la sociedad de hoy y de mañana la presencia activa de unas gentes que no han cesado de aportar beneficios al interés general. Y en esa tarea siguen sumando a la edad la ilusión que rejuvenece e inyecta bríos renovados.