Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Curado de espantos

16 de febrero de 2026

Llevo alrededor de sesenta años ejerciendo el oficio de periodista. En tan largo período he tenido tiempo para escribir miles de artículos. Y puedo decir, por tanto, que estoy curado de espanto ante determinadas reacciones observadas por los lectores, sobre todo cuando te has referido a alguno de ellos bien en sentido laudatorio o crítico. En ambos casos los comportamientos obedecen a unas pautas de conducta que no suelen modificarse con el paso del tiempo.
En todos los ámbitos las respuestas a lo que uno escribe suelen ajustarse a idéntico patrón. Elogias a un determinado personaje por su labor y logros alcanzado, y lo haces porque consideras que es de justicia hacerlo. La reacción es en la mayoría de los casos el silencio. El caballero o la señora en cuestión dan por hecho que sus méritos son más que acreedores a tales alabanzas, que por ser notorias, no demandan ningún gesto de reconocimiento hacia el periodista en cuestión. Los menos suelen descolgar el teléfono o enviarte un mensaje de gratitud por las palabras escritas.

Ahora pasamos a la segunda parte del asunto. En ambos casos el destinatario si escribes algo, por leve que sea, que considera crítico hacia su empresa o persona, te monta la marimorena. Si en su momento fue respetuoso y agradeció los elogios se olvida por completo de ello y no ahorra prendas para mostrar su disgusto. Si pertenece a la brigada de los que no dan ni las gracias entonces la bronca alcanza el estrépito, con fuertes censuras hacia el autor e incluso se llega a la velada amenaza o el «ya te enterarás de lo que vale un peine.» Todo extraordinariamente desagradable y muy frustrante para quién es objeto de tan desmedidos y muchas veces injustificados ataques. Lo que evidencia que hay gentes que poseen una sensibilidad extraordinariamente fina para lo que quieren claro.

Tras seis décadas dándole a la Olivetti no me extraña nada y estoy acostumbrado a los desaires y en mucha menor medida a las simples gracias. Pero permanezco en guardia permanente porque me consta que, al menor descuido, me soltarán el guantazo dialéctico de turno. Estas son las confesiones periodísticas de un tipo mayor y muy curado de espantos.