Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Cuando todos estábamos en Londres

1 de febrero de 2016

 En los años de bonanza económica, cuando el juego español vivía sus días de vino y rosas y la alegría de los ingresos corría pareja con la euforia del gasto, un contingente numeroso de empresarios del juego acudía con asiduidad a la feria de Londres. Unos lo hacían por el lógico interés de comprobar el rumbo de la industria, descubrir novedades, adquirir productos o fijar acuerdos. El inmenso escaparate londinense ofrecía todas las pistas posibles sobre la evolución de los productos y las metas tecnológicas que se iban conquistando, que en los últimos años han sido muchas y notables. Juntos a éstos empresarios y profesionales que se trasladaban a la capital del Támesis con planes concretos de trabajo, análisis y voluntad de operar, estaba también un pelotón numeroso que aprovechaba la cita londinense para curiosear, hacer turismo y descubrir las sorpresas que depara una ciudad como Londres.

De aquél “cuando todos estábamos en Londres” hemos pasado durante éstos años tocados por la crisis a que la presencia de españoles en Londres menguara. Las exigencias presupuestarias de las empresas han obligado a muchos recortes y el ir por ir a una feria sin objetivos fijados de antemano ha sido uno de ellos. Los tiempos dorados de hacer turismo y practicar el ejercicio del curioseo han quedado atrás porque la economía de las empresas reclama ajustar al máximo el capítulo de gastos.

A estas circunstancias hay que añadir que incluso aquéllos que acuden al certamen con ánimo de hacer negocio mediante la innovación tropiezan con la barrera de las dificultades. No resulta fácil tratar de trasladar al mercado español novedades vistas en el grandísimo escaparate de Londres que marca tendencias de futuro. Aquí cualquier intento de homologación se convierte poco menos que en una aventura plagada de trampas administrativas, dilaciones y vuelva usted dentro de tres, seis o quince meses. Que esperas y muy largas hay para dar y vender.

Resulta por tanto explicable ése descenso de la nómina de quienes prodigábamos los saludos “cuando todos estábamos en Londres.” Y a pesar de lo dicho Londres continúa siendo un imán que atrae poderosísimamente por el deslumbrante universo del juego que ofrece a los ojos asombrados y por la belleza incomparable de una ciudad que es historia, armonía de líneas y cumbre de cultura.