Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Contorsionismo

28 de mayo de 2021

 El contorsionismo suele darse mucho en la política. Es un ejercicio que permite a quién lo practica estirarse hacia un lado y al contrario, interpretar de cara a los ciudadanos papeles distintos y antagónicos sin que la dureza del rostro se sonroje ni desvanezca la sonrisa. Hay quién, a base de entrenarse de manera infatigable en esto del contorsionismo, hace de él un arte. Ejemplo brillante: el presidente del gobierno de España don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
 
Dígame usted si no es una prueba de fino contorsionismo proclamarse un adalid de la monarquía y protector de su Rey y alentar el republicanismo en su partido. Y cogerse del brazo de los directivos de CEOE y auspiciar por lo bajini una patronal paralela. O afirmar con rotundidad que jamás negociará con los cachorros de ETA y abrirles acto seguido las puertas de la Moncloa. Y atacar ferozmente a VOX para dormir a pierna suelta con los podemitas. O ensalzar los valores de la Constitución y sacar a la calle a los presos que la violentaron. Y llenarse la boca con descalificaciones muy duras para la denominada extrema derecha fascista cuando está casado sin posibilidad de divorcio con la izquierda extrema-comunista.

Son pruebas, pistas, actuaciones de un quehacer político donde la cara de pedernal no se altera, ni presenta mutación alguna. Este ejercicio de contorsionismo, de transformismo, de adaptación en base a lo que convenga a los intereses personales, ojo no generales, lo desarrolla como nadie don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente de España. Y con todo ello hay muchos que siguen aplaudiendo al actor de comedias de enredo. Y con entusiasmo además.   

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