Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Cocina del hotel

16 de noviembre de 2023

Antaño circulaba una especie indicando que en nuestros hoteles se comía mal. O que no se comía bien que es lo mismo pero con el acento crítico atenuado. Los parroquianos pernoctantes sólo pisaban el restorán ( dicho así en tono cursi ) para desayunar. Ya saben: la bollería, la mantequilla, los zumos y huevos revueltos o fritos con beicón. Ahí se acababa la experiencia culinaria del hotel. Si no se conocía a fondo la ciudad visitada se pedía información al conserje, previa propina, para que recomendara sitio donde almorzar o comer. Esa fué una historia larga en el tiempo y presente en la memoria.

De unos años a ésta parte la situación mutó. Los hoteles, sobre todo los de altos vuelos y precios semejantes, entendieron que había que hacer de sus cocinas un reclamo para fidelizar clientes y atraer otros. Y pusieron manos a la obra hasta contratar a chefs condecorados con estrelles para hacer brillar su oferta gastronómica. Y hasta tal extremo llegó la transformación operada que hay hoteles donde se come más opíparamente que se descansa.

Recientemente he vivido una situación que certifica el alcance del cambio producido. Aconteció en el Hotel The Westin de Valencia. Al leer el contenido del menú expresé mis dudas internas. Y reconozco con alegría que me equivoqué de medio a medio. Primero nos sirvieron una pelota de puchero ( el cocido valenciano ) envuelta en una sábana vegetal que mis acompañantes no dudaron en calificar de deliciosa. Y a continuación llegó la bomba sorpresa: una paella valenciana ( sí en un establecimiento en el que todo es chic y refinado ) guisada con mano maestra que nada tenía que envidiar a las que uno recuerda con especial fruición, que por cierto son cada vez menos. Lo dicho: una pequeña obra de arte que fué alabada con entusiasta unanimidad.

Valga el ejemplo del Westin como testimonio de una gastronomía hotelera que ha ido derribando tabúes y convirtiendo la cocina en un laboratorio apto para que el cliente pueda disfrutar y soñar despierto. Que es un ejercicio muy saludable. Uno, siempre enamorado del buen yantar, salió reconfortado por la experiencia.

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