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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Cien días bailando el vals de la independencia

20 de abril de 2016

El gobierno de la Generalidad de Cataluña lleva cien días asumiendo su cometido, que se entiende debe ser planificar, gestionar y poner en marcha medidas destinadas a elevar el nivel de la Comunidad y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Y éstas medidas se plasman en leyes que tiene que dictar y aprobar el ejecutivo que preside don Carlos Puigdemont.

Y al cabo de trascurridos cien días va y resulta que el gobierno del señor Puigdemont no ha sacado ni una sola ley. ¿ Como es posible—se preguntan muchos ciudadanos despistados de Cataluña y los extranjeros que vivimos en Valencia, Murcia, Cáceres o Sevilla – que después de tres meses cumpliditos esté todavía en blanco el capítulo de nuevas leyes ? Y es que el pueblo, el catalán del bendito pan con tomate y aceite, y el de la puta España de los callos y el pescaíto frito, no se entera que los consellers de la Generalidad están de trabajo que no dan abasto: abriendo embajadas de la república catalana hasta en el polo norte; apoyando la gira propagandista de su conseller de exteriores, que llama a las puertas de todos los países que le salen al paso, aunque no se las abran en casi ninguno; extasiándose ante la pequeña pantalla de la TV3 cuando una aguerrida periodista, que maja la nena, quema un ejemplar de la Constitución, española por supuesto, y se ponen cachondos; alentando las declaraciones grandilocuentes de los municipios que proclaman a grito pelado, armando mucho ruido, que el Rey y toda su familia son personas non gratas y lo hacen diciendo ahí queda eso. Bastante trabajo desarrollan los pobrecitos consellers, obligados por decisión de la superioridad – la de don Arturo Más que está en la sombra y no en los cielos –, tratando  de arañar milloncetes de sus respectivos presupuestos para educación sanidad, servicios sociales y demás y destinarlos a la financiación del “prusés”, que es lo que importa y que representa, ojo al parche, la prioridad ,más absoluta para el ciudadano de Cataluña, que sólo vive y sueña pensando en la idílica independencia, ésa que les hará más ricos, alegres y felices.

Cien días sin una ley que saludar. No es extraño que cuando hablas con un empresario del juego de Cataluña te confiesa, entre abatido y resignado:”Aquí no se mueve nada, estamos metidos de pleno en el “prusés”. Pues nada, a seguir cien días más y los que sean necesarios endeudados hasta los ojos, porque claro, España nos roba; despotricando contra el Rey y su familia; soñando con la pitada al himno nacional en la final de la Copa; jaleando a la Colau y sus mariachis con sus despropósitos sectarios. Pero gobernar, lo que se dice gobernar, o sea aprobar leyes,ni se les ocurre. El “prusés” es el “prusés”. 
 

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