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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Bajar la cabeza

28 de enero de 2020

Dijo José Vall durante su intervención en el congreso de ANESAR que los salones están haciendo esfuerzos y sacrificios sin tasa para adaptarse a las exigencias actuales señalando que hay que seguir esa hoja de ruta sin bajar la cabeza.

Acierta el presidente de ANESAR al admitir, implícitamente, que el juego en términos generales es proclive a agachar la cabeza. Lo que es un equivalente a la resignación, a un cierto sentimiento de culpa, a una sensación de inferioridad respecto a los poderes públicos de la que cuesta muchísimo desprenderse.

Si el juego cumple con rigurosidad todas las exigencias regulatorias, que son cada vez mayores y más complejas. Si acentúa al máximo su responsabilidad social corporativa y se afana por mejorar su capacidad de respuesta ante circunstancias comprometidas y no deseables, ¿a que viene entonces ése doblar la cerviz cuando lo que se impone es dar la cara con la moral que confiere el hacer las cosas de acuerdo con los requisitos establecidos?.

El juego, como sector acreditado por empresas que acatan las normas fijadas y en ocasiones van más allá de las mismas para añadir un plus de calidad a sus trayectorias debe olvidar la inveterada costumbre de bajar la cabeza. Y levantarla con el orgullo y la tranquilidad que dan el trabajo bien hecho y la apuesta por la seguridad en todos y cada uno de sus actos y comportamientos. Basta ya de encogimientos que son aroma del pasado.

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