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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Asalto a mi intimidad

12 de diciembre de 2016

La democracia es libertad, exaltación del libre albedrío, poder respirar a pleno pulmón sin que alguien, llámese estado o lo que sea, nos ponga delante una mascarilla que dificulte la salida del aire. Cualquier medida que responda a una estrategia destinada a coartar la libre decisión del individuo entraña peligro. Para el individuo y para la sociedad en la que habita. Por lo que supone poner límites a su capacidad de desenvolvimiento, de imponer pautas a sus actos, de establecer controles que debilitan su autonomía personal.

No me gusta nada la medida anunciada por el gobierno de impedir los pagos al contado en aquéllas compras que superen los mil euros de precio. A partir del próximo año y de acuerdo con las directrices marcadas por Montoro y sus inspectores hay que tirar de tarjeta. Para que todo quede anotado y fiscalizado. Para que los camaradas de hacienda tengan toda la información posible sobre lo que me gasto en esto o aquello. Para que todo quede anotado y fiscalizado. Para que se me rastreen al máximo la mayor parte de los euros que saco de mi bolsillo. ¿Esta imposición de catálogo con aromas policiales no huele a papá estado, a las prácticas autocráticas de los regímenes que todo lo ven y todo lo escuchan?

Si lo que se pretende es combatir el fraude fiscal habrá que poner en marcha las medidas requeridas para que tanto randa de alto copete que anda suelto no eluda sus obligaciones tributarias y se salga de rositas. Para tratar de poner coto a la economía sumergida que bucea tan pancha bajo las aguas de la más descarada impunidad. Para apretar las tuercas de los ricachones y deportistas de élite que se montan sus chiringuitos en paraísos mafiosos. Pero de ahí a que el amigo Montoro tenga que enterarse en que ha invertido mi bolsillo mil y un euretes representa un asalto escandaloso a mi intimidad personal y familiar, una invasión intolerable de mi economía doméstica y una disminución, preocupante, de mi libertad de movimientos.

No quiero, bajo ningún concepto, que nadie sepa que un día de juerga, vino y rosas, me dejé más de mil euros en el tapete del casino.  O en el putiferio de lujo con champagne, cristal por supuesto, incluído. Mi vida es mía y mi libertad también. Que no venga ahora Montoro colocándome vallas al reducido campo de acción que vienen dejándome.

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