La fusión del bingo andaluz para convertirse en una sola voz asociativa no ha caído en saco roto. La división empresarial no conduce a nada positivo para el sector. Por mucho que trate de justificarse la andadura por caminos distintos no es buena ni recomendable. Y lo grave del asunto es que los enfrentamientos en ésta parcela obedecen muchas veces más a la prevalencia de los personalismos que a divergencias de criterios. De éstos últimos podría dar pelos y señales referidos a situaciones concretas que conozco muy a fondo y que he vivido muy de cerca. Y que lógicamente he callado para no enredar más la madeja asociativa que bastante liada ha estado, y sigue estándolo, en algunos territorios de nuestra geografía.
Conviene empezar el año 2026 con un equipaje en el que tenga hueco el optimismo. Tanto desde la perspectiva asociativa que antes comentábamos como desde la óptica sectorial que confiemos siga ganando músculo empresarial en el ejercicio que ahora inauguramos. Si nos planteamos objetivos de cara al nuevo ejercicio hay que pensar en positivo y confiar en que las administraciones flexibilicen posturas y normativas respecto al juego aflojando el dogal que atenaza a la mayoría de empresas obligándolas al desarrollo de una actividad plagada de dificultades.
Hay territorios para los que 2026 es crucial para salir de una situación insostenible. Y un ejemplo de ello está en la Comunidad Valenciana donde el bingo no puede continuar aguantando una situación tan fuera de la realidad si nos atenemos a lo que acontece en la mayoría de Comunidades. La demora que está padeciendo, ni se sabe el tiempo ya, la implementación del Bingo Electrónico de Sala es una oportunidad que no puede demorarse más. Y de eso el nuevo gobierno de la Generalitat, que no viene haciendo nada para que el sector se dinamice, debe ser consciente. Y no recurrir a las buenas intenciones o las promesas que jamás se cumplen. Debe actuar y hacerlo con la mayor celeridad, tanto para inyectar alicientes a un bingo extremadamente alicaído como al resto de subsectores a los que no se les ha proporcionado la menor oportunidad para avanzar. Si con el gobierno del Botánico las cosas pintaron mal para el sector con los nuevos inquilinos del ejecutivo valenciano la realidad es que todo está en fase de parálisis. Digo yo que habrá que tomar cartas en el asunto, señores del PP. De lo contrario la decepción será morrocotuda.






