Autor

DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Al amigo José Luis de Pedro

30 de enero de 2024

La última vez que le ví fué en una asamblea de ASEJU. Al final de la sesión se vino conmigo y tomamos unos vinos. Ya no andaba bien de salud y evoco el abrazo de despedida que permanece vivo en la memoria. Nuestra relación había trascendido de lo profesional a lo personal. Más allá de los encuentros en Madrid coincidimos en algunos viajes, que fueron propicios a la conversación a calzón quitado, a la confidencia, al hablar de muchos temas ajenos al bingo y estrechar lazos de confianza.

Para mí José Luis de Pedro Videgain fué un tipo de los que no dudo en calificar de buena gente. Extrovertido, peleón, trabajador de los que gustaba arremangarse en las tareas que asumía, poseía un natural sentido del humor del que hacía cumplida gala cuando se encontraba a gusto. Compartí mesa y mantel con él en numerosas ocasiones, en las que lo pasábamos fenomenal sacándole punta al lado irónico de la vida, que abordada con seriedad y un trasfondo de fino sentido humorístico.

Desde sus comienzos en ASEJU, en los que no faltaron los encontronazos verbales, pues José Luis poseía un gran temperamento, supimos forjar unos sólidos y duraderos lazos de amistad. Siempre que le llamé, y lo hacía con bastante frecuencia en los tiempos en los que uno andaba metido hasta las cachas en los temas del bingo, lo encontré, cosa no habitual en la mayoría de la gente. Y ésa predisposición suya le hizo acreedora a mi afecto y mi reconocimiento.

Se van yendo las gentes que ocuparon un lugar destacado en el entorno profesional y personal de uno. Y esto jode mucho por ser el anticipo de lo que está por venir y por el hecho de perder a un amigo del alma como José Luis de Pedro al que digo adiós como prolongación de aquél penúltimo abrazo que se ha quedado suspendido en el tiempo y en la memoria. Y que perdurará para siempre en la caja donde se guardan los recuerdos entrañables, dignos de ser conservados.


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