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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

Acabar con la política del silencio en el juego

13 de julio de 2016

El otro día hablábamos del eco sobredimensionado que dispensan los medios generalistas a la adicción al juego. Y a ello contribuyen las asociaciones de ludópatas, que viven del cazo de las subvenciones, y que hacen del problema que afecta a una minoría, y que por descontado hay que combatir, una lacra social de proporciones desmesuradas.

Ahora le ha tocado el turno de sembrar la alarma a la Asociación Almeriense de Jugadores de Azar en Rehabilitación ( INDALAJAR ), que denuncia descontrol en la mayoría de salones de la provincia y exige la adopción de las medidas necesarias para limitar el acceso de los jugadores compulsivos. Piden que se fiche a los usuarios y solicitan de las autoridades actuaciones contundentes en éste sentido.

Una vez aireado el escándalo informativo que supone estar enganchado al juego por parte de la asociación mencionada resulta que la realidad invita a la reflexión y frena el alarmismo. La asociación almeriense declara que en la actualidad tiene en tratamiento a 120 personas con diferentes patologías. Que van desde el uso desproporcionado del teléfono móvil, a la adicción a las tablets, compras compulsivas, videojuegos o juegos online. Como puede apreciarse, de acuerdo con las manifestaciones de los propios denunciantes, las patologías son de signo diverso. Pero lo más socorrido, lo que más vende, lo que más cala en la opinión pública es la dependencia del juego, en éste caso de quienes frecuentan los salones, y los males personales y familiares que provoca.

Ante informaciones de ésta naturaleza, que son frecuentes y consiguen enturbiar la visión general que se tiene del juego, hay que salir al paso. No hay que quedarse mudos. Para situar el problema en su término justo. No en el que lo colocan quienes han hecho de la ludopatía un negocio. Y más que ocuparse del tratamiento de quienes padecen la servidumbre del juego de lo que se ocupan es de hinchar el problema.

En la última asamblea de ANESAR Juan Lacarra se refirió al tratamiento estigmatizador que los medios generalistas dispensan al juego y a los salones. Y se pronunció por emprender una campaña de imagen que haga trascender la realidad sectorial. Pues hágase o no campaña, lo que hay que ir pensando es en abandonar la política del silencio. En combatir las patrañas con datos. En hablar de los salones de hoy como centros de entretenimiento cuya imagen no puede en modo alguno ser manchada por un ínfimo número de adictos cuya cuantía y efectos se magnifican torticeramente. Hay que despojarse de complejos que la industria del juego, y el asociacionismo sectorial, vienen arrastrando e intentar, por lo menos, luchar contra las manipulaciones del juego. De las que estamos tan hartos como asqueados.

 
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