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DESDE LA AVENIDA Juan Ferrer

A la DGOJ, ¿pero en qué manos estamos?

8 de junio de 2016

El ciudadano, el currito que paga sus impuestos y soporta como puede, y a veces muy mal, los sablazos de Hacienda, lo que le pide a la Administración la del Estado y la autonómica, es eficacia, rigor y celeridad. Y que cuando se asome a una ventanilla de la cosa pública sea tratado con diligencia y cortesía. El ciudadano, que apoquina su pasta para contribuir al mantenimiento del aparato público, quiere sufragar una Administración que genere confianza y ofrezca seguridad, porque si no le inspira ni una cosa ni otra lo que tiene que hacer es emigrar.

Y a punto de largarse están los empresarios de salones y los directivos de ANESAR al comprobar, entre sorprendidos e irritados, que no cuentan para la DGOJ en su Memoria Anual del Juego 2015. Abrieron unos ojos como platos al repasar el tocho de 153 páginas, que ya son páginas, y no encontrar ni una sola mención a los salones. Y por mucho que rastrearon lo único que encontraron fue una mención a la asistencia del jefe de la DGOJ, don Carlos Hernández, al congreso de ANESAR. Ahí el machaca de turno sí que estuvo presto a la utilización del incienso personal en honor del patrón. Algo que, por otra parte, no dejaba de ser un acto de cortesía del administrador hacia sus administrados. 

Que en una memoria del juego elaborada por la DGOJ, que de entrada da la impresión de ser un organismo serio y dominador de la materia, se refleja la actividad de bingos,  casinos y máquinas y se obvie a los salones suena a chiste malo. A inocentada. A tomadura de pelo. Máxime cuando los salones son, por diversas causas, los establecimientos pertenecientes al subsector que más se ha expandido hasta el extremo de presentar un balance de crecimiento realmente espectacular. Pero éstos síntomas de musculatura y vitalidad al parecer no existen para la DGOJ.

Lo que habría que recomendarles a los funcionarios que realizan la memoria es que se centren menos en resaltar la imagen del jefe y de sus comparecencias y muchísimo más en los datos objetivos de un subsector muy sólido, que avanza y que reclama, al igual que el resto, atención, interés y análisis de su trayectoria económica. Dándose la circunstancia que para hacer ésas tareas, además de para dar cumplida cuenta de si el director general asiste o no asiste, están los funcionarios experimentados que cobran de la ciudadanía.

Olvidos como éstos por un departamento público que se presume especializado en el juego nos hace llevarnos las manos a la cabeza. Y pensar, sin salir del asombro, en qué manos estamos.

 
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