POR JUAN FERRER ALPERA, EDITOR DE SECTOR DEL JUEGO.
No anda nuestra clase política, en general, sobrada de atributos para obtener ni siquiera un aprobado de su gestión pública. Hablamos de unos representantes de la voluntad popular, empezando por los que gobiernan y pasando por los diputados, que si por algo se distinguen es por su mediocridad, por su carencia de preparación para ejercer su alto cometido, por sus actitudes y comportamientos barriobajeros donde el discurso se basa más en el insulto y la descalificación grosera del oponente que en la reflexión y las ideas.
El reverso de ésta etiqueta tan aplicable a un elevado porcentaje de los políticos de hoy lo encontramos en la figura de Juan Jesús Vivas, presidente de la Comunidad Autónoma de Ceuta que acapara la actualidad por las dificilísimas circunstancias que afectan a su territorio, víctima de una invasión sin precedentes que el gobierno central no parece muy dado en resolver o está incapacitado para ello.
En momentos tan dramáticos como los que están viviendo Ceuta y sus habitantes Juan Jesús Vivas ha sabido ganarse a pulso no sólo la admiración de la inmensa mayoría de sus habitantes, que la ha tenido siempre mandato tras mandato, sino de un elevadísimo porcentaje de españoles, no nublados por la ideología sectaria, que han visto en el desempeño de su complicada misión un ejercicio de valentía, de férrea defensa de los intereses de sus paisanos desde un talante que combina la energía con la mesura sin perder nunca las formas y midiendo muy bien sus palabras. Actuaciones las suyas de las que deberían de tomar buena nota quienes han hecho del desempeño de la política una actuación tabernaria y soez.
Ceuta tiene en Vivas la imagen de un político que lleva muchos años trabajando con enorme dedicación para mejorar la vida de los y las caballas. Que lo hace desde la humildad, sin sacar nunca los pies del tiesto y que por múltiples razones ha sabido ganarse la confianza de los que valoran y mucho su labor dándole el voto.
La personalidad política y humana de Juan Jesús Vivas se está agrandando en el proceso de deterioro que atraviesa Ceuta, prestando a la comunidad servicios impagables. Y provocando la indignación de sus paisanos cuando en medio del torbellino que sacude la ciudad se escucha al presidente del gobierno decir: «Que lo arregle Vivas». Las dos caras de una moneda en la que Juan Jesús deja muy atrás a su oponente en formas, palabras y comportamientos.














