El Congreso de la ANESAR ha acogido una mesa redonda sobre el futuro del juego presencial en España en la que han participado representantes de la administración pública, de los medios de comunicación y del ámbito sociológico. El encuentro, titulado “El juego en positivo: regulación, control y equilibrio para el futuro del sector”, ha estado marcado por un mensaje común: la necesidad de reforzar el análisis basado en datos frente a lo que los ponentes han descrito como narrativas sociales y mediáticas simplificadas. Moderó Jaime Criado, consultor senior de Asuntos Públicos en H/Advisors, y participaron el director general de Suelo y delegado de Ordenación y Gestión del Juego de la Comunidad de Madrid, Ramón Cubián; el director de Joc Privat, Óscar Delgado; y el doctor en Sociología, de Estudio de Sociología Consultores, S,L., José Antonio Gómez-Yáñez.
Tres visiones en torno a un mismo debate
Desde el plano institucional, Cubián ha defendido el actual modelo de regulación del juego presencial como un sistema de “equilibrio entre control y libertad económica”. Ha subrayado que las competencias autonómicas permiten aplicar un marco de supervisión directa sobre los establecimientos, con mecanismos como el control de accesos, la planificación territorial y un alto volumen de inspecciones. Según los datos expuestos, el sistema habría registrado una presencia prácticamente nula de menores en salones de juego en los últimos ejercicios, en un contexto de intensificación de la vigilancia administrativa.
Además ha insistido en que la regulación no debe interpretarse únicamente como una limitación de la actividad económica, sino como una garantía tanto para la protección de colectivos vulnerables como para la seguridad jurídica del sector. También ha defendido la importancia de trasladar a la opinión pública el impacto económico del sector, tanto en empleo como en recaudación fiscal, como elemento para equilibrar el debate social.
Crítica al relato y a la construcción del discurso público
Óscar Delgado ha centrado su intervención en la importancia de la comunicación y la semántica en el debate sobre el juego. Ha señalado que determinados términos utilizados en estudios, medios de comunicación y documentos institucionales contribuyen a generar una percepción negativa del sector.
En este sentido, ha cuestionado el uso de expresiones como “máquinas de azar” o la forma en la que algunos informes estadísticos agrupan distintos tipos de juego, lo que —a su juicio— dificulta una comprensión precisa de la actividad. También ha defendido que el sector ha evolucionado hacia un modelo de mayor control y profesionalización, especialmente en materia de acceso a establecimientos y cumplimiento normativo.
Asimismo, ha puesto el foco en la necesidad de mejorar la interlocución con las administraciones públicas, en un contexto en el que —según ha explicado— la estructura regulatoria es más compleja y fragmentada que en décadas anteriores.
Debate sociológico: datos, encuestas y percepción
El tercer eje de la mesa ha estado protagonizado por el sociólogo José Antonio Gómez-Yáñez, quien ha ofrecido una intervención centrada en la interpretación de los datos disponibles sobre el juego en España. Ha cuestionado la forma en la que algunas encuestas miden la participación en el juego, especialmente cuando agrupan modalidades muy diferentes o incluyen franjas de edad amplias.
Gómez-Yáñez ha señalado que determinados indicadores de “prevalencia” pueden inducir a error si se interpretan sin contexto metodológico, y ha defendido que el nivel de juego problemático en España sería reducido en términos comparativos, según algunas fuentes oficiales y estudios sectoriales. También ha criticado lo que considera una sobrerrepresentación del problema en el debate académico y mediático, apuntando a la influencia de determinados marcos interpretativos en la construcción del discurso público.
Un diagnóstico compartido: regulación y relato
Pese a las diferencias de enfoque, los tres ponentes han coincidido en varios puntos: la importancia de mantener un marco regulatorio estable, la necesidad de reforzar los sistemas de control y la conveniencia de mejorar la comunicación pública del sector.
El debate ha concluido con la idea de que el futuro del juego presencial dependerá tanto de la evolución normativa como de la capacidad del sector y las administraciones para construir un discurso basado en datos verificables, en un contexto de creciente sensibilidad social hacia la actividad.














