México no enfrenta un reto tecnológico en materia de pagos digitales, sino un desafío estructural en la articulación de su ecosistema. Así lo pone de relieve el análisis comparativo con Brasil, donde el sistema Pix ha logrado una adopción masiva en tiempo récord.
En 2025, Pix procesó 64.000 millones de transacciones y alcanzó los 160 millones de usuarios, superando incluso el volumen combinado de tarjetas de débito y crédito en apenas cuatro años desde su lanzamiento.
En contraste, México continúa gestionando cerca del 70% de sus transacciones de consumo en efectivo. Esta situación no responde a una falta de dispositivos móviles ni a carencias regulatorias, sino a la ausencia de una coordinación eficaz entre los distintos actores del sistema y de incentivos alineados para impulsar su adopción.
El análisis también pone el foco en las razones por las que CoDi, la solución de pagos digitales impulsada en México, no ha logrado escalar al mismo ritmo, así como en los factores diferenciales que han permitido el éxito del modelo brasileño.
Asimismo, se identifican tres palancas clave que México aún no ha activado y que podrían resultar determinantes para acelerar la transición hacia un sistema de pagos más digitalizado y eficiente.














