Nos dijo adiós Fernando Esteso pareja de Andrés Pajares en aquélla película convertida en mito, Los Bingueros, que costo 15 millones de pesetas y recaudó 200. La cifra ya da idea del éxito alcanzado por una cinta que arrasó en los cines y convirtió a los protagonistas en figuras superpopulares que a partir de ahí no dejaron de trabajar unidos o por separado gozando del entusiasmo de un público fiel.
Los Bingueros, película denostada por los exquisitos, era un reflejo humorístico de unas vivencias sociales tras la despenalización del juego. Una realidad, la del bingo, que aparte de emoción brindaba a su público la oportunidad de establecer relaciones, de fomentar la distracción, de combatir la soledad, de arañar un pellizco cantando el premio. Y en ése relato cinematográfico, donde cabía la astracanada, Esteso y Pajares dejaban constancia de su talla de actores, puesta en cuarentana por los de siempre, de su capacidad innata para provocar la hilaridad del espectador, de su vis cómica que les surgía de manera natural en un gesto o una mirada. Hablamos de dos comediantes forjados en el duro oficio de hacer reír al público, parcela en la que se movían con pericia y magisterio.
Esteso y Pajares, Pajares y Esteso. En mi saber entender del mundo del teatro y el cine Pajares ha sido un intérprete mucho más completo. Que dio muestra de su talento dramático en «Ay Carmela», entre otras producciones. Pero Esteso, aragonés, caricato, jotero y músico constituyó un dúo perfecto con Pajares mediante el cruce de dos personalidades muy distintas que convergían en un único propósito que no era otro que divertir al personal objetivo conquistado del que pudieron sentirse legítimamente orgullosos.
Los Bingueros, triunfo taquillero aparte, representó una inmensa publicidad para el sector. Propició, y mucho, la curiosidad hacia las salas y el asomarse a la ventana de un juego que, como toda novedad, provocó el furor propio de lo inédito. Y por descontado que en el haber de su resonancia pública hay que incluir, en lugar muy preferente, el trabajo muy lúcido de dos cómicos con talento y recursos hilarantes que sentaron cátedra en ésa función tan difícil que es hacer reír. Queda Pajares. Y se nos ha ido un Fernando Esteso, mañico como el presidente de CEJ Fernando Luis Henar, que nos dio días de gloria a través de la sonrisa que nunca se apaga. Que arriba lo reciban entre los aplausos que merece: Hoy tenemos uno menos en un dúo que resultó formidable.






